sábado, 7 de noviembre de 2015

Yo, la oveja

HOMENAJE A LA OVEJA.

7 /11/2015
Esta manta que terminé en la mañana de hoy, la dedico a quien fuera su primera hacedora: LA OVEJA.

Yo, la oveja...............

Es el principio , como aquellos días en que pacía en compañía de mis hermanas allá en las cumbres de traslasierra, donde quedaban prendidos semejando copos de nieve mis vellones en la tranquera. Es otro escenario en verdad, pero tan similar que se me hace ver  mis años jóvenes en La Ramada, ¿o tal vez era en Quebracho Ladeado?. No importa el lugar, pues sigo rodeada de cerros y un mismo cielo.  ¡¡¡Estoy viva !!! Esta manta tejida en Piedra Blanca, tan cerquita de donde yo era dará una tibieza especial a quien se cobije en ella. Y seguiré viviendo más allá de la distancia y del tiempo de mi infancia.


martes, 13 de octubre de 2015

Los campos de lino

CAMPOS DE LINO

El campo teñido de celeste y oloroso lino se extendía  detrás del bosquecillo de liliáceos paraísos. Delante de éste se abría un playón de tierra yerma, adonde mi padre, portando  una amenazante vara, que por supuesto nunca utilizaba, me obligaba realizar los ejercicios que corregirían mi “pecho de paloma”.

Corrían avanzados los años 40, Broadwi, una firma de rodados  había impuesto en el mercado al remo-ciclo. Como bien lo aclara su nombre se trataba de un vehículo  provisto de  remos que el impulso de los  brazos  lo hacía avanzar mientras las piernas, estáticas y mustias descansaban mirando  la proa del navío de juguete. ¿Juguete dije? ¡Para mi era una tortura! Pero en aquellos años en que los gimnasios eran utopías fue lo único que logró corregir mi mal congénita formación.
Allí también mi madre soñaba con tener una casa bonita en algún lugar poblado y dibujaba con una rama, diagramas de la distribución del mobiliario.
Recuerdo tan solo el dibujo de los sillones verdes y el de la mesa de comedor.
Pasando esa playita se llegaba al edificio de la escuela y casa de familia.
Un salón de unos 10 mts por 5, en el que un escritorio  presidía las siete hileras de bancos  .Una por grado.
Detrás estaban los armarios de  “la biblioteca “ donada por los ex - alumnos;  obras de la Editorial  Tor y sobres de papel madera conteniendo material de geografía e historia, de geometría , matemática, castellano ,botánica y zoología  extraídas de las hojas del  “Billiken” y del “Mundo Infantil “, constituían “los textos” de estudio que ayudaban en el dictado de las clases. Enriqueciendo todo esto, posaban  sobre una mesa animales embalsamados luciendo ojos de canicas que se llamaban así a las bolitas de vidrio. Ese pasaba a ser el “museo de Ciencias Naturales”.
Ingenio de maestros rurales, directores de cuarta categoría, que abarcaban en sus funciones aparte de su nombramiento como tales, el de maestro, portero y asesor en los problemas que les hacían llegar los integrantes semi analfabetos de esa Colonia, integrante de la Cuenca lechera, geografía de tambos trazada por costumbres migratorias  piamontesas y pinceladas bronceadas de los puesteros de tierra adentro.
Los colonos serían semianalfabetos.¡¡¡¡¡¡¡ pero guay de querer engañarlos en alguna cuenta o cálculo!!!!!!!!- Su inteligencia superaba en demasía para que fueran timados en la venta de sus productos. Ya desde aquel entonces calculo que la expresión del porteño vivo:- ¡¡¡¡andá al campo a cazar cachilos!!!!.- no tenía vigencia en la idiosincrasia “gringa”.
A un costado de la múltiple aula,  se abría una puerta que daba al living de la casa de familia. ¡Cuántas veces se abría para arrojar mi inquieta humanidad a los brazos de mi madre, que cuando yo aparecía en horas de clase era por haberme hecho merecedora de una reprimenda,  ella me recibía con un zapatillazo por las dudas! Mis falencias eran hablar y hablar cuando no debía, costumbre que a pesar de los años no he logrado corregir y que me sigue trayendo problemas y más problemas.
A la izquierda una puerta llevaba al dormitorio de mis padres, que comunicaba con el de mi hermana y mío por una abertura que defendía la intimidad de ellos mediante una cortina de Provenzal floreado. A la derecha del living una ancha puerta, la cual nunca se cerraba pues detrás de ella colgaban los embutidos regalos de los colonos, se abría a la cocina, olorosa siempre a tortas, dulces caseros y  aroma a paraísos floridos que entraban por una hermosa ventana de persianas verdes que daba al jardín.
Recuerdo aún el mármol veteado de rosa, donde mi madre formaba  caramelos que nunca pude comer pues eran muy duros. El tarro de Toddy y la lata de bizcochos Canale sobre el pequeño aparador verde claro recordando la hora temible de la merienda.
Bajo la ventana, ella cosía en una máquina a manija, de color negro que afortunadamente se daba maña de accionar sola, pues me fastidiaba sobremanera, que interrumpiera mis lecturas y mis juegos para hacerme dar vuelta a la manivela, aunque arguyera que estaba cosiendo mis vestidos y por consiguiente era mi deber ayudarla en ese menester.
Mis padres se amaban. Cosas que no entendía entonces del bajar la cortina de la abertura que comunicaba nuestros dormitorios y hacernos apagar el farol para que nos durmiéramos.
Ventaja que antaño tenían sobre los hijos, ya que al no existir la luz eléctrica, solo nos quedaba el dormir, mientras los privilegiados leían en el lecho matrimonial hasta percibir que la inconsciencia del sueño nos había alejado del mundo por unas horas.
La pasión iría entonces invadiendo el silencio que se colaba por las rendijas de las ventanas. Lechuzas agoreras  rozaban con sus fúnebres alas el techo emitiendo en presagiosos cantos un mensaje que no entendía esa pareja que coronaba su jornada amándose.
Mi madre era una mujer hermosa, siempre coqueta, de feminidad descollante. Desde esa visión se me hizo natural el de que había que usar cremas cotidianamente. En esos tiempos no había mucha variedad. Ponds era la reina en los “toa lites” de clase media, como así también la Sapolán Ferrini. Por todo esto,  en la postrimería de su penosa enfermedad, estando ya en casa de mi abuela paterna, en Mercedes de Buenos Aires, los espejos que inundaban los espacios desde los roperos ,se vieran opacados por Puloil para que ellos no reflejaran con su   vidriosa crudeza los despojos de su cuerpo.

Tarde cálida de domingo de visitas. Se asomaron las manos urgentes al ver de lejos nuestra llegada. Entraron corriendo las escobas para emprolijar la casa de los Boschetto.
Ropa negra la de doña María, compostura en don Juan, el anfitrión. El patio circundante lucía granados pletóricos de frutos  que reían dejando escapar de sus bocas granos rojos y dulzones.
Mi hermana y yo nos íbamos correteando rumbo al galpón donde se encontraban los carruajes. ¡Que lujo colonial! limpios y ordenados descansaban de recuerdos. La volanta de lujo, toda negra, con su compartimiento trasero de asientos repujados de cuero, enfrentados y la puertita para apearse lucía rebuscados arabescos en su frente; la de hacer los mandados al pueblo, más austera pero igualmente cómoda. Dos sulkis, uno era el de carreras denominado araña. El segundo,  igual de atractivo por sus líneas y ese olor a misteriosos recorridos impresos  en sus finas y firmes ruedas.
Iba corriendo la tarde,  ya el crepúsculo marcaba el comienzo del aburrimiento a nuestras correrías. Se abrió la travesura dulce y dañina. Ahí estaban esperando nuestras tropelías……….. Granadas y granadas abriéndose a nuestras manos y las semillitas duras devoradas hasta que el llamado de los mayores nos volvió a la realidad de la visita. Las faldas de Lanillas escocesas en colores tierra, donde predominaba el azafrán se agitaron volanderas hacia la casa.
._que buenas nenas, como se portaron toda la tarde._ dijeron los anfitriones, y en premio nos obsequiaron con una granada a cada una. El espanto de mis padres iba en crescendo  al observar en  nuestros ropajes señales de lágrimas rojas que no eran precisamente sangre. Regreso en silencio, uno o dos kilómetros esperando un sopapo o una reprimenda. Era mucho peor la incertidumbre………….
El camino se resquebrajaba  en tierra árida de color canela formando un vértice de horizonte que se hacía inalcanzable. Entonces un grito  inundó todo el paisaje santafesino.-¡mama, mama, la Ondina se escapa con el Ricardo!.-
Doña María inclinada sobre el cantero de la ensalada amarga apenas se incorporó mascullando.-má, que se vaya, por lo menos nos salvamos del gasto de la fiesta de casamiento.-
Nuestra caminata del volver se vio envuelta en  tierra arremolinada causada por un Ford de ventanillas de mica que a 40 Km. por hora llevaba a la pareja transgresora hasta su destino de  libres amores
La familia Boschetti era destacable por su agarre de bolsillo. Por lo tanto el drama del rapto de la doncella campesina no era tal ya que se  evitaba con él, la fiesta donde se tendría que solventar la comida para cientos de invitados. Ellos sabían que el Ricardo era un buen muchacho pero entre las dos familias había un asomo de los siempre Rigoletto y Capuleto de Romeo y Julieta.
Al regreso de esos paseos me complacía caminar junto a mi padre aspirando el olor que provenía de su saco de twwed, cálido y masculino. Las caminatas hacia el hogar se hacían cortas, pues el trazado del camino agrietado por la entonces sequía iba formando dibujos exacerbando la imaginación que creaba cuentos a cada paso mientras los verdes sembrados circundantes y montecitos de paraísos escondían los duendes y hadas de mi infancia.
Cuando llegaba la primavera todo se inundaba de aromas, aire cálido y entonces el celeste del lino tapizaba ondulando  el campo de los Boschetto que lindaba con el terreno de la escuela, formando con nuestro montecito de paraísos un terreno más que apropiado para sumergirse en ensueños de fantasía.
La cartera de terciopelo azul,  que utilizaba en mis juegos de visita, comenzó a agitarse violentamente, sumida de vida propia, causando el terror a lo desconocido. Los brazos de mi madre se abrieron ante el requerimiento de protección, mientras la risa de mi padre acompañaba el escape de la lagartija causante del episodio, que no había encontrado mejor lugar para dormir la siesta que el interior de mi juguete.
Los domingos eran los días en que nuestro pequeño micro centro se poblaba; éste estaba formado por la escuela, el boliche cruzando el camino de enfrente junto a la capilla que se habilitaba en contadas ocasiones ,en las fiestas patronales , cuando venía el cura de Eusebia o de Tacurales o para impartir alguna comunión. El boliche con piso de anchos tablones de madera lucía mesitas desgastadas de madera y un  inmenso mostrador del mismo  material. La puerta que se abría a su izquierda, comunicaba con la despensa donde se vendían algunos productos sueltos y de primeros apuros. Ya saliendo del salón principal se atravesaba una amplia galería enladrillada que llevaba a la casa de familia del bolichero y al salón de danzas descubierto, sólo techado con bolsas de arpillera cuando se realizaban las reuniones bailables.
Lo que no existían los baños, en estas ocasiones las damas hacían sus líquidas necesidades amparándose en las sombras detrás del salón y había que ver el revuelo de blancos traseros cuando algún rezagado iluminaba con los faros de su automóvil el predio. Con estas circunstancias se habían constituido muchos matrimonios, decían las malas lenguas, al enamorarse primero de las íntimas partes de las niñas y luego identificarlas en el baile ya con rostro y apellidos. Pero teníamos el beneficio de que el salón era de material, no en forma de carpa como en Colonia Bossi, donde corría la leyenda que una matrona al inclinarse y levantar su falda para evacuar había también levantado la lona y toda la concurrencia pudo apreciar el acto desde el interior.
Volviendo a las reuniones de los domingos, que eran solo para hombres, corrían por el campo los gritos de los jugadores jugando al tute, acompañados por los golpes sobre la mesas en el entusiasmo de las partidas.
Don Baralle inclinado sobre las cartas se echaba un puñado de carozos de aceitunas en su boca desdentada mientras exclamaba.- maa.- ésto nunca lo comí.-
Detrás de la construcción “la comisión vecinal” había levantado la cancha de bochas donde se lucían los jugadores blanqueando la tierra con sus alpargatas nuevas.
Era un lujo ver los sulkis, los caballos lustrosos y las bicicletas nuevas descansando en el exterior del boliche, hasta que la noche comenzaba a enseñorearse del paisaje advirtiendo a la concurrencia que a la mañana siguiente muy temprano había que levantarse a llevar a cabo las tareas campestres, dando de ese modo comienzo al desfile de regreso hacia “las casas”.
El martes de una semana cualquiera, en que nuestra madre nos había enviado al boliche a comprar unos fideos, tramamos la travesura delictiva; yo con mi cara inocente de 7 años arrastraba el cochecito de las muñecas, y pedía a Eugenia la mercadería que ella extraía levantando la pequeña puerta redondeada y corrediza de los cajones que uno al lado del otro almacenaban azúcar, fideos y harina, mientras mi hermana hurtaba lo que tenía a su alcance escondiéndolo bajo la mantita.
Luego nos repartíamos el botín, pero siempre arrogándose ella la elección del mismo, aduciendo que había sido la autora del hecho más comprometida. Así los soldaditos de plomo y otras minucias engrosaban el cofre de los juguetes.
Esa costumbre de mi hermana mayor persistió en el tiempo, ya que  en unas vacaciones en San Clemente del Tuyú, mientras la vendedora charlaba conmigo, ella escondía entre sus senos unas joyas de fantasía para luego salir del negocio airosamente y ser saludadas amablemente por la perjudicada, que no imaginaba que unas niñas tan educaditas podrían llevarse algo sin abonarlo. Yo era la cómplice siempre, presa de una abulia o desconocimiento del bien o del mal. Tal vez fuera la herencia de algún antepasado filibustero que la hizo incurrir en estas actitudes en otra ocasión, que le hicieran perder un empleo.

LA LANGOSTA

Corrían los años 50, la infancia seguía brincando entre los verdes montes de paraísos y la tierra reseca del camino, entretenida en dibujar jeroglìficos en su superficie para que al decifrarlos pudiéramos leer el futuro mediato. Una de las tardes en que me entretenía en esa tarea, los escritos que trataba de interpretar se fueron tapando por una nube obscura y maloliente y la conjunción de gritos que se iban enlazando en un telégrafo de hilos de angustioso clamor. ¡¡la langosta, la langosta !!

miércoles, 2 de septiembre de 2015

DARIO y una canción de Joaquín Sabina

DARIO  y una canción de Joaquín Sabina.

  Ayer lo vi,  iba distraída como de costumbre cuando sentí una mirada que como caricia cargada de recuerdos hicieron cruzar sus ojos con los míos.

 Recuerdo a este personaje adolescente de la villa que adoraba ir a la escuela pero no a estudiar, era para él su club, un espacio donde podía alternar con gente que le brindaba atención conteniéndolo al menos por unas horas fuera del ámbito oscuro y de delincuencia en el cual se desarrollaba su vida.

...desteñido pantalón, pandillero tatuado y suburbial, hijo de la derrota y el alcohol, sobrino del dolor, primo hermano de la necesidad.

  Cuando llovía rogábamos que no viniera, pero él aparecía protegiéndose de los chaparrones mediante una gran bolsa negra de residuos (de esas que llamamos de consorcio) a la cual le había practicado tres agujeros , uno para la cabeza y los restantes para sacar los brazos.
Aparecía sonriendo y entonces yo comenzaba a custodiarlo en los recreos para que no hiciera ninguna dañinada.

Gerardo, el profesor de Educ. Cívica solía decirme._ ya tiene el camino trazado en el cuerpo de la bala que lo va a matar.-

...aún no tienes años pa votar, y ya pasaste el rollo de vivir.

  En esa escuela de la periferia  terminamos de doctorarnos en aspectos de criminología con solo detenernos a mirar los rasgos de los alumnos. Por desgracia no nos equivocábamos, aunque no era ninguna hazaña dictaminar conociendo el entorno donde ejercíamos nuestra tarea.


Fue para la conmemoración de una fecha patria.
En aquel entonces a la tarde funcionaba un solo turno, era el 8º obligatorio en su primer año de implementación de la LEY FEDERAL DE EDUCACIÓN.

El día era lluvioso, los formamos tratando de que encontraran un sentido a la ceremonia. Parados ante los alumnos  esperábamos que entrara la bandera portada por el menos malo de todos(pues hasta ese problema teníamos¡¡no sabíamos a quien poner de abanderado !!)
Estaba presidiendo la ceremonia cuando a Gerardo se le ocurre decirme observando a los 17 o 18 que componían el alumnado.- mirá Su, parece la escuela del Chavo.-

En verdad había que poner humor para sobrellevar la tarea y mucho cariño para no aflojar y pedir traslado. 

  Entre los personajes que recuerdo teníamos una "niña·" llamada Marisa que se entretenía en rasurarse las piernas con una "trincheta" en la hora de matemática ,porque según contestara al llamado de atención que le hiciera la profesora (._ yo me aburro en su hora._) consiguió que Beatriz la dejara seguir con su depilación pues en caso contrario se expondría a que en un acto de enojo, Marisa la privara de algún trozo de su rolliza humanidad. Otra tarde cansada de escuchar la monótona voz de la profesora de historia, se entretuvo en coserse un dedo con una hermosa bastilla que nos costó hacérselo descoser y luego desinfectar. Éso sí, el Ministerio nos había dotado de una partida de guantes de goma para no ponernos en riesgo con sangre contaminada.
Estando sentados una tarde en la galería aprovechando el solcito y la ausencia de la profesora de esa hora y ya agotados mis recursos ( ya que estábamos solos en la escuela, ni portero teníamos) para evitar desmanes o que se escapara alguno comencé a leerles las líneas de las manos. Teatralizando por supuesto pues no soy ni por asomo quiromántica.

¡¡ Pobrecitos !! los chicos me rodearon entusiasmados y ahí comencé mi tarea de agorera mirándolos a los ojos y diciendo al mejor estilo de las curanderas, lo que ellos querían escuchar; lo peor o mejor del caso es que me creían. Tan grande era la necesidad de vislumbrar una luz que se asomara en sus porvenires.

Darío desplazando de un empujón a los más cercanos a mí , me extendió su mano ruda y morena¡¡ Dios mío, yo de lo único que me acordaba era lo de la línea de la vida!! y él la tenía tan cortada y breve que era leer puñaladas y una existencia muy corta.
._ que dice, seño, que dice._
._ vas a tener que cambiar, Darío todo destino puede variar si te esfuerzas así que portate bien y estudiá. Más vale que no le dije lo que creí haber leído en su mano.

.... la pasma va pisándote el talón, hay bronca por donde quieras que vas....

En resultado de una tropelía cometida por él , una tarde la tutora citó a la abuela que lo criaba ya que su madre dedicada a la prostitución no tenía tiempo para ejercer su tarea materna.
La pobre abuela arguía.- es buenísmo, de noche nunca sale se queda mirando dibujitos en la televisión. Es imposible que haya hecho lo que me cuenta ustedes.-
Gerardo comentaba a mis espaldas.- el inocente duerme con el 48 debajo de la almohada.-

.... Tu vieja apura el vino que has mercao y nunca ha preguntao, de donde sale todo ese pastel....


Una de las primeras veces que ese año asaltaron la escuela, desaparecieron entre otras cosas las calculadoras científicas que habíamos adquirido entre otras cosas mangueando a los comercios amigos y recaudando fondos vendiendo pastas que nos fiaban de la fábrica La Genovesa

Siempre nos extrañaba cuando sucedían hechos de esa índole, que no hicieran daño a las instalaciones. Solamente se llevaban lo que podían vender. Era que la escuela y los que estábamos como personal éramos queridos y respetados por la mayoría de la comunidad.

.... Chorizo y delincuente habitual contra la propiedad de los que no te dejan elegir....

Darío al tiempo dejó la escuela

Una tarde una de las alumnas respondiendo a mi queja de que no teníamos calculadoras porque luego del robo no se habían repuesto ya que eran bastante caras, me comentó que una persona las vendía a $5 y que si yo quería me haría de puente para poder adquirirlas. Al darme algunos indicios del vendedor confirmé mis sospechas de que había sido Darío el ratero.

......las chavalas del barrio sueñan con robarte el corazón, si el sábado las llevas a bailar...

La canción de Sabina " pasándola bien" me llega dolorosamente al corazón porque me acuerdo de ´Darío. A veces lloro , porque es una de las realidades de mi Argentina.

Me quedaron en la mirada sus ojos, su arito y su bicicleta cruzándose   en una esquina cualquiera.

...una tarde que andabas desarmado la muerte en una esquina te esperó, te tiraron tres tiros desalmaos y luego desangrao, te ingresaron en el Piramidóm....




martes, 1 de septiembre de 2015

EL MISTERIO DE LA VICEDIRECCIÓN



PRÓLOGO
  Teníamos unos alumnos tan exasperantes en esa novena división que todos secretamente nos sentíamos esperanzados de que algún día desaparecieran.
   Alimentando esos deseos nada edificantes para el apostolado de la educación mientras intentaba apresurar las horas de la tarde procurando no mirar  los rojos ladrillos de la pared que enfrentaba a mi escritorio di forma a este cuento.
Los personajes son fiticios- Cualquier semejanza con la realidad, es mera coincidencia.
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La nueva vicedirectora se recostó complacida en la roja y cómoda butaca mirando a su alrededor.
La placa con la leyenda de la inauguración, semejaba una lápida sobre la pared de ladrillos vistos. Éstos no guardaban mucha armonía entre sí, había gruesos, delgados, salientes, largos y cortos; demostrando así que la construcción se había hecho con materiales no de primera. Otro remiendo a la educación pública. 

  La misión de la recientemente nombrada docente era organizar la escuela e indagar sobre el porque de la deserción de los alumnos. Al comenzar la tarea se sorprendió al enterarse que la policía había abierto una investigación sobre ellos, pues eran chicos que desaparecieran misteriosamente en los últimos tiempos.
El personal de la habitación lindante, creía oir ruidos y gritos que parecían salir de la mampostería. Don Armando, el  viejo portero, cuando acomodaba la oficina notaba que el espacio entre la silla y el escritorio se iba achicando día a día.Pensaba don Armando que esta sensación era producto de su naciente senilidad._ ya es hora de jubilarme._ mascullaba fastidiado._ aparte que me han mandado a este apartado lugar tan alejado de las comodidades del Colegio del  Centro.¡¡ un buen castigo!!!._

  La vicedirectora creyó que estaría tranquila en ese colegio de periferia .
Una tarde mientras el viento rugía, húmedo, obscuro y el frío espiaba por los resquicios de la puerta, le pareció que los ladrillos se movían, acompañados por leves gemidos y de alguna palabrota que se amortiguaban  por el cemento.

  Se levantó de su asiento asomándose por la puerta que daba al patio ya en penumbras. Estaba sola, no quedaba nadie en la escuela. Sólo ella enfrascada en su trabajo de fin de jornada. Decidió irse pués el temor comenzaba a hormiguearle la piel, pero de pronto fue inmovilizada por una telaraña maloliente mientras veía como uno a uno caían los ladrillos dejando salir por los huecos, esqueletos vestidos con delantales blancos que reían desaforadamente girando a su alrededor y uno de ellos leía el nombre de aquellos alumnos desaparecidos y voces de hueso respondían ¡¡PRESENTE!!

  El asombro de la comunidad escolar fue aumentando con el correr de los días alimentando las habladurías que se suscitaban por la repentina desaparición de la vice.

  Hubo quien recordó que ella tenía un novio, viajante de comercio de la Capital, que esa noche habría estado rondando por las cercanías de la escuela. Algunos conjueturaron una supuesta conexión con la mafia, dando motivos su apellido netamente italiano y unos tíos que andaban en raros tejemanejres.
  La cuestión es que pasó el tiempo y nunca reapareció.
 Extrañamente cuando  limpiaban la vicedirección, siempre se encontraban hilachas de delantal blanco,  adheridas a la pared, que parecían salir de ella.

                                                                                        B. Susana Galván

sábado, 3 de enero de 2015

LOS SERES PROTECTORES DEL ARROYO

Hete aquí que fue lo que todos comentaron cuando se publicaron esas fotos tomadas el día del cierre de los talleres en la biblioteca de Piedra Blanca. Aunque en realidad fue un solo taller el del año 2014, el que le dió movimiento y colorido con sus telares mapuches, criollos, bastidores de distinos formatos, así pasó el triangular con sus chales , el bastidor donde se tramaron paisajes, figuras reales e irreales. En fin un sinfín de policromía colorida y cálida.
El personaje principal : El profesor  angel Chocobar, (del cual ya vimos su protagonismo en otras entradas, tales como "una tarde en el museo del telar" y el que me facilitara el material para los cuentos de La Mora Nona y Eduviges Peralta)
Hubo como de costumbre feria de rivalidades que luego se dejaron traslucir con los enojos de una de las protagonistas, pero éso no viene al caso en este momento, ya lo contaré en otra ocasión.
Hoy les hablaré de algo mágico . Ustedes aprecien las fotografías y sacarán sus propias conclusiones.

Ya les hablé en "La leyenda de la Mora Nona" de los baúles de la finadita donde se encerraban tantos recuerdos y entre ellos rescatamos esta foto,Aunque un tanto ajada y vieja no puede negarse el parecido asombroso con las tomadas el día del cierre de los talleres de la biblioteca de Piedra Blanca















































































sábado, 1 de noviembre de 2014

CUENTOS DE LA RAMADA


CUENTOS DE LA RAMADA.....
         
  LA MORA NONA

Aún estaba en pie lo que antes era la galería. En el frente dando a la
ruta Provincial Nº1 que lleva a La Paz, se erguían carcomidos por el
tiempo y el abandono mostrando sus esqueletos de barro y paja otras
dos construcciones semi tapadas por altos cañaverales, cactáceas y
piedras formando extrañas pirámides que iban creciendo en altura
cuando se enojaba el arroyo que baja de Piedra Blanca y las creces
las arrastraba hacia el lugar. Era en ese entonces el reino de yararás
que serpenteaban incólumes en la soledad del lugar. Pocos habitantes
del lugar se atrevían a penetrar en esa espesura, más cuando se
rumoreaba que por las noches se veían luces intermitentes en su
cercanía .Dicen los nativos que en la entonces confortable casa,habitaba la doñita Elba, mujer muy coqueta y activa que combinaba su profesión de comadrona con la de modista. Solían verla partir en
su sulky tirado por un caballo alazán de buena estampa a los bailes de Piedra Blanca Abajo, en la Pista Ritmos Alegres. Siempre solitaria y bien ataviada, despertaba los chismes de las mozas del lugar, que tejían historias ciertas o no de su vida.
Aprovechando la amistad que la unía a doña Pura, nunca estaba sola en las reuniones bailables pues se acomodaba junto al mostrador y despachaba las bebidas a los jóvenes que se apoyaban en el mismo mientras estudiaban a la concurrencia femenina. Esa noche de octubre que había llegado desde Tilisarao el músico Juan Dólar con suconjunto, cuando Ramón volvía de visitar a su novia en los pagos de Cruz de Caña, allá en la cumbre, forzosamente debía pasar por la pista de baile antes de llegar a su casa; no resistiendo a la tentación,entró en el predio silbando una tonadita. Fue arrimarse al mostrador a degustar una cerveza cuando los ojos de Elba lo atraparon al instante. Ahí comenzó el romance que llevaría la tragedia a la moza.Baúles de cuero se fueron llenando de camisones realzados con finos bordados y encajes, de “mañanitas” tejidas al crochet, que servirían para atemperar las frescas mañanas cuando el Ramón le alcanzara el mate y ella se aprestara a salir del lecho conyugal. Todo se iba llenando de sueños y ajuares blancos. Ramón, delgado y airoso,
luciendo su boina negra la visitaba cotidianamente ya a caballo o en bicicleta alimentando sus sueños.
El verano se estaba yendo lento, llevándose los sueños poco a poco junto a los quemantes soles, ardores de la tierra y las pasiones.
Las visitas de Ramón ya comenzaban a espaciarse coincidiendo con los preparativos del casamiento del mozo con la novia oficial de Cruz de Caña, la mora nona que crecía en los fondos del predio de La Ramada se retorcía con sus 300 años de antigüedad hasta que en una noche de gran tormenta uno de sus gajos se desplomó convirtiendo a la planta en un despojo alejado de su otrora lozanía. Así también fue trocándose cual la morera la figura de Elba.
Ya sabedora del engaño amoroso del cual había sido víctima, se encerró en la casa y los males la
fueron envolviendo tenebrosamente.
El gajo caído de la Mora Nona echó raíces en la prieta tierra y se fue formando un nuevo árbol que
causó la sorpresa de los visitantes; era algo así como un engendro natural, y al unísono, cada
deformación de la planta se mimetizaba en el cuerpo enfermo de la mujer, que esperaba el final
que la liberara del sufrimiento..
Esta es la leyenda de la Mora Nona, la cual se puede apreciar en un recodo de La Ramada, mientras sólo queda rezar una oración por la doñita que se dejó morir de amor.
Beatriz Susana Galván

miércoles, 22 de octubre de 2014

CUENTO DEL LIBRO " EL LLAMADO DE PIEDRA BLANCA Y EL ALA DE LOS OLGUÍN"

EL ALA DE LOS OLGUÍN

E

l camino se abría bastante umbrío, ni el ladrido de los perros acompañaba sus pasos. Sólo se oían los retumbares, apaciguados por el rumor de la lejana acequia que cada vez se alejaba más de su rumbo La tierra parecía agrietarse cada vez más al ennegrecerse por las sombras que iban ganando el paisaje serrano. Hasta el fastidioso polvo se iba disolviendo entre las tinieblas. Las risas, guitarras y zapateos no eran los de la peña familiar y querida del Tatita, eran satánicas y el malambo señaba los ruidos de innobles pezuñas y no de los pies descalzos de Martín. En un presagioso tornado volaron los siglos hacia atrás y los ojos de la Martina Olguín refulgieron en la noche, ausentes de tiempos y espacios. Lejos de los pagos de Navarrro, era la misma cueva de la Salamanca ahí, en Piedra Blanca comunicada por un subterráneo angustiante de infiernos perdidos cruzando la pampa….
Su tía la llamaba convocándola a conseguir la fama a precio de su alma, que ella creía tan gastada, tan deshecha que ni el innombrable la necesitaría para algo. Era tal vez la venganza de su tía bisabuela por haber trascripto la historia oculta de los Olguín, donde ella había jugado diabólico papel. A través de los siglos la había encontrado por fin y ahora tendría compañía de sangre, de búsqueda no saciada nunca, en la figura de la narradora.
Una luz sin claridad mostraba los trazos engañosos hacia la cueva. Como el canto de las sirenas de Ulises las voces subterráneas coreaban un acogimiento al mal. Hipnotizada se acercó peligrosamente hacia ellas. Recortándose en la noche centellantes lámparas iluminaban los danzantes telones de la Feria del Libro y sus labios sonreían en gigantesco gesto desde ellos. Sus libros abiertos a la humanidad transformados en Best séller firmados por su mano, se abrían ante sus cegados ojos. De pronto el sonido lejano de una guitara y el trote angustiante de un caballo la volvieron a la realidad.
Corrió hacia atrás persignándose y desgranando entre sus dedos las cuentas de aquel rosario que siglos antes, la Fidela había colgado en el pecho de Panchito; el mismo que había rescatado de la vieja casa de la calle diecisiete de Mercedes hace tantos años. Su carrera alocada ahora era hacia esa otra luz que perfilaba la figura del solitario jinete que con su guitarra en la espalda.la rescató
del espanto. El hombre que parecía esperarla a la distancia cuando comprobó su salvación, tocando el ala del chambergo se alejó diluyéndose en la noche de Piedra Blanca. Mientras agitada se iba acercando hacia su casa, el dulce encanto de lejanas cuerdas la cubrió con un manto acogedor de paz y regocijo
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JOSE OLGUÍN

Nace en el año 1810
Se casa con Inocencia Barrera (aprox. Año 1836
Una de sus hijas lo hace con F. Galván, que vendría a ser mi bisabuelo.
Ahí se me va esclareciendo el panorama.
De cómo el apellido Olguín, está en mis orígenes.
De cómo el viejo rosista ¿degollador de unitarios? Pasó a estar en mi familia.(siempre presidió el comedor diario de mis abuelos, un retrato donde estaba un viejo criollo, sentado con uno de mis tíos Galván, éste último tendría, calculo más de 100 años en la actualidad)
Debo aclarar que lo de “degollador de unitarios” irá cambiando de perfil, cuando bien adentrada en este relato, me ubique en los tiempos. Perdón Tata Viejo, pero la historia se nutre de tantos factores imposibles de predecir que tendré que ir dilucidando de a poco y con mucha lectura cada detalle de tu época.
Relatos oídos cuando niña, de boca del  abuelo Pancho, o tal vez de la  abuela Isabel, me hacen querer saber la historia de la bisabuela Olguín.

Estos datos, me sirvieron de inspiración para escribir este cuento



TODO ES FICCIÓN, CUALQUIER SEMEJANZA CON LA

REALIDAD, DEBE TOMARSE COMO SIMPLE

COINCIDENCIA.

EL ALA


T
ras largos días de fiebre y delirio, sentía que me crecía, o más bien, se hacía notoria la presencia del “ala” en la parte izquierda de mi cuerpo. Siempre escondida, a veces se manifestaba con una pequeña molestia, más que eso, era como un llamado para que no olvidara, que era nuestro signo de Macondo que solo algunas personas de la familia la rescataban en su anatomía, pero a veces pasaban generaciones y no sucedía nada.



PRIMER CAPÌTULO

C
orrían los años 1841, la pampa bonaerense se extendía  ruda, verdes las madrugadas de mate amargo. Frío cerniendo los patios bien barridos de los Olguín…._ Tata,tata._ el grito de la pequeña Olguín, recorre el campo como un telégrafo sin hilos llegando hasta el joven gaucho, que junto a un fueguito danzarín, trenza junto a los tientos manoseados su pasado de soldado blandengue, no tan lejano. La pava tiznada por la acción de su amistad directa con el fuego le silva una cancioncilla precursora de algo…
Los pies sucios y descalzos de la niña terminan con la quietud de la trenzada ahuyentando con la tierra que han levantado, los pocos bichos que se aparecen en la aridez del paisaje.- tata, tata, venga
al rancho, llegó mi hermanita, la mama lo quiere ver, la Ña Prudencia fuma mucho y apesta al angelito, Tata, venga pronto._
El tropero se incorporó y tomando a su hijita de la cintura, la enancó en el caballo partiendo al galope hacia el rancho. Los pasos del caballo se acompañaban, se fundían con el llanto de la recién nacida al acercarse cada vez más.
Era linda la niña ¡¡¡¡ un angelito!!!! No había inventado nada la hermanita.
Ña Prudencia fumaba y fumaba. La vieja comadrona aparte de esa función, tenía también dotes de curandera.
¿Por qué fumaba tanto la Ña Prudencia; inquieta, presagiosa, si el parto había resultado un éxito  y madre e hija estaban rebosantes de vida?
La espaldita de la niña, morena y grácil, rolliza y suave. En la parte izquierda, ahí, justo donde al adolecer neumonía se forma una nube en el área, nacía una pequeña protuberancia muy pequeña. Por eso fumaba tanto la curandera.
Sí, era el ala, el ala de los Olguín, no de Macondo sino de aquí cerquita nomás De los pagos de Navarro….
Según el santoral del día, San Fidel de Sigmaringa, fue acristianada con el nombre de Fidela.
Así la hermosa criatura fue creciendo, no teniendo jamás en cuenta su pequeña alita que en verdad ni se notaba
Pelo renegrido, ojos grandes y vívidos, figura menuda y morena, alegría emanando siempre de su cuerpo rodeándola como un áurea que la hacía pasar siempre advertida entre la gente, y que limpiaba las huellas que iba abriendo con sus pies descalzos entre la tierra, convirtiendo cada tramo de lo andando en un limpio camino milagroso.


Abril de 2006
Todo tiene un signo. Mi delirio de enferma hizo hacer carne el aceptar la presencia del ala en el lado izquierda de mi espalda. Basta de negarlo. Yo sé que está incipiente oculta a los ojos profanos. Es mi ala. Para algo “alguien” la puso allí camuflada cual si fuera una protuberancia sin consecuencias.
Sé que ella también la tenía ¿por eso su breve vida? Por eso el olvido de la familia? Ña Prudencia la había tomado como algo maligno, pues todo lo que no conocemos nos hace transitar y entrar en l campo del oscurantismo. Pero no lo era, esa transmutación era una señal…….. que solo tenían algunos privilegiados. Sólo presiento … hay que saber descubrir e interpretar el rumbo que nos quiere señalar. Pasaron 100 años desde el nacimiento de la hija del soldado de la guardia de Rosas hasta el de la que escribe estas notas.
Desde que desperté del ensueño del ala siento que ahí a mi lado, la tengo sentada a mi Fidela. MI BISABUELA, la hija de don José Olguín , muerta muy joven a la que estoy rescatando del olvido.
Y de nuevo aparece la fecha 24/ 04
No era mi deseo reverdecer la vida de Rosas pero en las referencias que hago sobre su persona, su muerte y su contacto con José Olguín, me hará más fácil adentrarme en la vida de mis antepasados y comprender siguiendo esos pasos como fue y porque su manera de vivir, sus sueños, sus pesares y su amor por ese pedazo de los pagos del Luján

Los años iban pasando pausados, tranquilos en la campiña bonaerense. A veces el sol abrazaba los suelos y el verde se hacía ocre dorando los sueños de Fidela
Entre los quehaceres que tenía por mandato dulce de su “tata”realizar, se encontraba el de cuidar algunos chanchitos que enriquecían el puesto donde vivían.
Su mimoso “negrito” hociqueaba siempre en el poco barro que encontraba a su paso, entonces la niña le cantaba una tradición oída al cura, que a veces solía aparecer por Navarro en visitas de evangelización tratando de que la “barbarie” de los gauchos se atemperara con sus palabras.
Cuando el padre Martín terminaba sus predicaciones sobre la forma en que tenían que vivir los paisanos, ya aliviado de su tarea espiritual sintiéndose en paz con Dios y la iglesia, solía sentarse al abrió de la galería del rancho donde la ocasión lo cobijara y entonces aceptar la copa de grapa o un buen trago de vino acompañando el jugoso trozo  que en el rancho de los Olguín, se cocía en el asador agasajando la presencia del prelado.
   “cuando nació el Salvador del Mundo los animales hablaron milagrosamente y lo hicieron así : el gallo anunció: ¡¡cristo nace! Y baló la oveja :- En Be lèn.- Una cotorra pasó diciendo :- vamos, vamos. Y el cerdo rezongó:- no ,no,no .- Pero el carancho dijo:- lo veré, lo veré. Y la palomita con gran ternura:- ¡Hijo de Santa María! Como ves, todos alabaron de alguna manera al Dios recién nacido menos el cerdo. De allí que esté condenado a arrastrar el hocico entre el barro y la mugre repitiendo: :- no, no,no.
Eso cantaba Fidela a su chanchito preferido, mientras trataba de que no metiera más su hociquito en el barro.
Era soñadora la niña; los atardeceres que vio en las nubes formando castillos y huellas de caballos que tirando diligencias elegantes la llevaban a lugares lejanos como la ciudad de Buenos Aires ; a la estancia de Don Juan Manuel donde su tata había vivido en otros años bastante lejanos para ella vistiendo el poncho punzó de los colorados del monte.
.- Tatita, cuénteme.- le preguntó una vez a su padre.- porque se vino de Buenos Aires al campo dejando la estancia de San Miguel del Monte.-
Esa tarde el gaucho trenzaba junto al lazo de ocho tientos sus recuerdos. Como explicarle a su niña ¡¡¡ si él aún no había encontrado las palabras justas para decírselas a si mismo!!!
.- tal vez niña, porque ya no le hacía falta a Don Juan Manuel y quería volver con mis tatas, trabajar con el lazo y “esperarla a usted para que viniera con su alegría a hacerla vida más fácil, a este gaucho que ya se está poniendo viejo de tanto afirmarse en el suelo pa`voltear al bagual y a los vacunos retobados.-
Pero en la mente del hombre, peleaban los motivos del porqué. Y las lágrimas se escondían detrás de sus aindiados ojos pensando en lo que se había convertido aquel hombre al cual siguiera orgullosamente en los años de la guardia de “los colorados” por esa su hombría de bien, su pasión en salvar a las riveras de los godos y su lucha por la emancipación de la patria.
El gaucho iletrado presintió al abandonar San Miguel del Monte que el modelo de hombre que tenía de Rosas se estaba transformando en el futuro “monstruo” que pintarían Etcheverría en su “El matadero” y José Mármol en “Amalia”.
Eso lo alejó de su ídolo y lo hizo instalar en la campiña bonaerense soñando con lo que fuera su juventud al lado del Restaurador.
¡¡Más como podía relatar esa verdad a la pequeña que lo miraba con esos ojos que parecían adentrarse en su cerebro descubriendo lo que él ocultaba ¡! Y así era, Fidela sabía que no eran exactas las explicaciones de su padre pero revelando aún más su intuición acalló más preguntas y besó los cabellos ya entrecanos de su padre.

Y continuó la vida deslizando sus cantos y tristezas ya en el llano, ya en las grietas de la tierra que dibujaban mapas imaginarios y fantasiosos bajo los pies y la mirada de Fidela
Comenzaron las vidalas a poblar sus oídos vírgenes de coplas. Las tonadas sureñas la aburrían sobremanera mientras que al contrario movíanse sus pies al son alegre de las chacareras y los revoleares de pañuelos cuando se giraba en la media caña.
Fue en el bautismo de uno de los hijos de los Carrizo compadres de sus tatas. Ahí estaba él, el Francisco, mozo tranquilo venido de los pagos de Bragado. Se había llegado conduciendo su tropa hasta las cercanías del lugar del festejo. Ver el humo de los asadores, el aroma de las frituras de las empanadas, oír el rasgueo de las guitarras y entrever el revoleo de las faldas de las chinas, lo decidió a acomodar al vacaje, desmontar del caballo y encaminarse hasta el rancho prometedor de un alivio a la esforzada marcha por las huellas marcadas en la extensión de la llanura, la pampa…
Era hombre duro el Francisco en los trajines de su labor de resero, pero dulce al ver unos ojos obscuros que lo miraran con chispitas de luz. Y esos eran los ojos de Fidela que se doraban a la luz del sol y de las brasas no sabiéndose si era la noche o el sol quién los pintaban.
Fidela comenzó entonces a aletear como un pájaro, sus manos alcanzaron al mozo la fuente de empanadas arrimándole una silla y una sonrisa sonrojada plena de promesas calladas.
Don Olguín desde lejos la observaba pensativo.- ya mi niña se me está yendo por los caminos de ande yo no voy a poder acompañarla.- musitó entristecido.- pero era la vida, aquella que un día lo llevara lejos del pago tras una quimera rosista.
La mañana se hizo crepúsculo con el correr de las horas. La despedida entre los enamorados fue en silencio con solo alguna promesa por parte de él.- los caminos son largos, mi niña, pueden regresar al punto de partida, pueden perderse en la huella de la pampa.- fueron las palabras del resero al montar despacio su caballo y el llevarse los dedos al chambergo en un saludo respetuoso dejaba un beso en ese gesto, un beso enamorado y triste para luego abrir los brazos como diciendo.- el Señor determinara si esto seguirá adelante….
Los cascos del caballo martillearon su sonido de a poco hasta alcanzar el ritmo de la marcha. Se desdibujó el paisaje del rancho mientras se adentraba cada vez más en la lejanía de la pampa
No fue un sollozo lo que quedaba en la garganta de la moza, era como si un canto de gorrión se estrangulara en ella.
Entonces comenzaron a sonar en sus oídos las vidalas, endechas tristes que caminaban por los campos y ella guardaba como en un cofre doliente de esperanzas.
Duró la ausencia lo que duran las tropas en atravesar la pampa ¿Qué le anunció ese día la llegada de Francisco? De pronto vio de nuevo pintarse de alegría el cielo y la dulzura de trinos convertirse en un alegre movimiento de pañuelos. Comenzó a cantar muy de mañana trayendo el agua del pozo sin rezongar siquiera, las gallinas se acercaron sin temor y comieron el grano que les brindaba alegremente. Su hermana aprovechó su potencial diligente y remoloneó un rato más su catre sospechando que no recibiría reproches por su retraso a efectuar las tareas, pues cuando Fidela cantaba, todo se llenaba de alegría y ya no había lugar para tristezas ni peleas entre las hermanas,
El polvo del camino se levantaba a lo lejos, retumbaban los sones de cabalgaduras ligeras, apuradas para llegar a destino.
José Olguín también oyó los sonidos del caballo que corría presuroso hacia el rancho. Presintiendo la visita se adelantó al recibimiento irguiendo su figura en mitad del camino, interponiéndola entre el jinete y las casas.
Ya estaban dadas las cosas, el mozo parecía de ley, pero la niña era su hija, que caracho!!!
La figura del gaucho se recortaba entre las figuras borrascosas del viento, su  poncho se agitaba entre los grises fríos de ese invierno riente de crear una pesadilla de presagios. La Salamanca se retorcía en su cueva llamando a los demonios reinantes de la pampa escribiendo así el futuro de Fidela. No podría ya salvarla su ala protectora, ni su risa cantarina ni su amor poblando huellas conocidas.
El padre de la niña sintió correr un frío por su espalda y no era precisamente el de ese día. Se nubló el cielo agorando el terror que se desencadenaría sobre lo que él más quería: su niña alada.
Francisco desmontó con varonil soltura, su mano dura y callosa se extendió en gesto reverente hacia la otra que empuñaba el lazo. El pialador y el tropero se miraron con el simple respeto de los hombres de campo al estrecharse las manos. y en ese instante el padre percibió que su piel rugosa se contraía más y más, muy adentro, como si una picadura de víbora la hubiera lacerado.
.- sonseras de gaucho viejo.- pensó don Olguín.- es solamente mi recelo por el ladrón que ya viene como el chimango a robarme mi paloma.-
Polvo de camino en las fibras del poncho del  visitante se mostraban matizando en sus distintas tonalidades la fisonomía del camino recorrido. En cambio el del anfitrión oliendo a pasto tierno solo llevaba las motas terrosas del paisaje de Navarro mientras que su color rojo, reflejado por el sol que de a ratos despejaba la tormenta, recordaba la sangre salpicando el aire desde las chuzas cimbreantes de aquellos tiempos de la guardia de los Colorados del Monte..
Comenzaron el recorrido hacia el rancho el padre y el “candidato”, pasos pausados de uno, frenando su impaciencia los del otro. Era como si quisiera aquel retardar al destino alargando con lentitud el encuentro entre los novios. Seguía con su remolino el viento agitando los ponchos polvorientos y silbando sus augurios en la tarde invernal. Las figuras ya se recortaban muy cercanas al rancho.
¡¡  Cómo palpitó el corazón de Fidela!! Fue a despojarse del ajado delantal que protegía su ropa de percal y rescatar del baúl la pañoleta roja para cubrir sus hombros juveniles. No hubo tiempo para perfumarse con el agua florida que se escondía dentro del frasco azul, pero no era necesaria la misma pues su piel era todo aroma a cardos, a piquillín, a pastos tiernos. Ya su pequeña figura asomó entre las horcadas de la galería, ya su sonrisa se hizo luz encendiendo faroles en la naciente oscuridad envolvente. Ya su voz de trino se adelantó con un saludo al amante  que llegaba.

SEGUNDO CAPÍTULO


  L
a cueva estaba allí desde hace cuánto no se acordaba el Panchito, pero sabía que no tenía que acercarse mucho. Lo había oído así, como en un sueño, cuando las visitas al ancho de Ña prudencia se sucedían y aportaban cosas raras al paisaje.
A veces José Miguel con sus también cortos años lo había arrastrado en la rastra rústica que usaba para sus juegos y en el entusiasmo se había acercado temerariamente
Aquella tarde rayando el crepúsculo, el aire se enrarecía mezclando colores naranja y sangre en un cielo que ya comenzaba a negrear. Los teros escondidos espiaban con terror de plumas grises el andar de los guríes. Una lechuza inocente giraba sus ojos avizores posada sobre uno de los palos del precario alambrado. Había que regresar al rancho y de prisa, ya la oscuridad se asomaba maloliente desdibujando el contorno de la pampa
.-mama, mama.- el llanto del Panchito sonaba en el silencio que de a poco comenzaba a llenarse de rumor de pezuñas que rascaban dentro del interior de la tierra y comenzaban a oírse cantos acompañados por el tañido de un arpa lejana Ya la lechuza tornaba su fingida inocencia en un maligno vuelo que con su revolear de alas invitaba a seguir su rumbo.
  El hermano mayor aterrado giró con violencia la rastra en que llevaba al pequeño y corriendo partió hacia el rancho protector, pero antes creyó vislumbrar entre la penumbra que rodeaba la boca de la cueva prohibida una figura familiar que corría desnuda a adentrarse en ella…..
El rosario que Fidela había colgado en el cuello del Panchito cuando éste naciera, parecía iluminar el camino del regreso mientras se alejaban de esa música cada vez más intensa que se enmaraba en las carcajadas de los condenados de la Salamanca.

  Fue imperceptible el cambio de la Martina. Incipiente y despacioso se iba notando en su fisonomía; su pelo que ni siquiera había sido renegrido sino de un color topo aburrido comenzó a encresparse y adquirir un tono rojizo centelleante, su espalda se irguió haciendo resaltar unos pezones punzantes que asomaban por la percalina blusa.

  La tarde invitaba al descanso, Fidela arrullaba al Panchito con canciones de alegres tonadas infantiles que inventaba mirando las flores que se iban cerrando con el apagar de las luces del día.

El Francisco volvía de encerrar los caballos en el corral, una sed intranquila lo invadió de pronto…..allí sobre el brocal del pozo vislumbró una figura cimbreante inclinada sobre el mismo, la cual se volvió con una sonrisa invitadora de convite al verlo acercarse. Los ojos se cruzaron no con la mirada límpida y serena de otrora del gaucho, ahora era un fuego negro que comenzaba a quemar las páginas antes escritas de esta historia.
Siguieron revolcándose las hojas de los árboles en las huellas abiertas por los carros, sí, revolcándolas, pues ya no era más nada una alegoría a la naturaleza agreste de la pampa, ahora todo era oscuro, y aunque aún alumbrara el día, las tinieblas se enseñoreaban de todo lo viviente.
El viejo montonero llegó una mañana al rancho del Francisco y la Fidela con su paso pausado y el alma apretada con ese presagio de tantos años que llevaba prendido en el corazón como un abrojo desde aquella vez que viniera el Francisco a llevarse a su paloma.
Ya la Fidela descansaba pálida como la mazamorra, en el catre que él mismo había trenzado con sus manos. Sucio y chorreando mocos el Panchito salió al encuentro del abuelo.
Los brazos del viejo pialador lo levantaron intentando en vano cobijar el abandono entre los pliegues de su rojo poncho. José Miguel miraba desde lejos, huraña la mirada, hecho hombre ya en sus cortos años.
.-abuelito ¿Qué tiene la mama que ya no me canta, que ya no me lava más la cara?
Se estremeció el facón contra la cintura del viejo gaucho pareciendo tomar vida, querer salir hiriendo.-¡¡ contra quién caracho?!!- ¡¡¡ si parecía que la risa de los diablos de la Salamanca se burlaba hasta del pasado glorioso de los Colorados del Monte!!!
Centelleaban de algo muy parecido al odio los ojos de mi tatarabuelo al enfrentarse a la mirada huidiza del Francisco.
.-¿Qué está pasando con Fidela?.- preguntó tratando de que los sentimientos no se translucieran en la fiereza de la mirada.
.-será el comienzo del verano, don Olguín, el cansancio del cuidado de los animales, el correr detrás de los gurises todo el santo tiempo.-
.-no, mi amigo, eso no es natural en la moza, siempre fue fuerte alegre y cantarina. Sólo parece que ahora un mal extraño me la está devorando lentamente.-
.-He mandao buscar a Ña Prudencia pa`que le haga unas sangrías, dicen que es bueno pa`limpiar la sangre  vieja.-
Calló el viejo con su sabiduría de vida. Sus ojos contradecían todas las palabras respondidas al embrujado tropero. Recordó el frío glaciar de aquella tarde que lo envolviera maloliente cuando el mozo retornara para llevarse a la que hoy yacía en el abandono anticipado de la muerte.
Volvió caminando hacia su rancho, despacio como si con su retraso pudiera ahuyentar la visión de lo que encontraría en él.
La Inocencia había partido hace ya mucho tiempo y no vería las huellas dejadas por las dotes malignas en el seno de la familia.- Tata Dios, ella no sufre a tu lado, no alcanza a ver lo que yo estoy presintiendo.- Las últimas palabras del tata viejo se confundieron con la visión de la sombra recortada en la callada noche pampeana de un gaucho que llevaba una guitarra colgada en su espalda y que deteniendo el paso cansado de su caballo se persignó ante él.
¡¡¡¡Santos Vega ¡!!.- Los dedos se unieron formando la cruz sobre la boca agrietada por los vientos de la pampa. Y ahí supo el porqué del cambio de la hija mayor, de esos días no dormidos sin que se le notara el cansancio, del catre vacío en las noches de luna, de las pisadas fortuitas en las madrugadas. ¡¡era el triunfo de la Salamanca ¡!

“A la cueva de la Salamanca también llegan los que buscan un favor de Mandinga: concretar un pacto con él para adquirir una habilidad sobrenatural a cambio de entregar el alma. Es un contrato firmado con sangre. Entre los poderes dados por los dueños de lo oculto, se encontraba el de pasar noches enteras sin dormir, sin sentir cansancio alguno. Allí se dice que cayeron grandes cantores, oradores, jinetes deslumbrantes, mujeres de belleza exótica, grandes poetas y guitarristas con una magia deslumbrante en sus manos. Todas kas personas que no pueden soportar la mediocridad de sus vidas y buscan destacarse  a costa de perder la verdadera vida que nace en la muerte.
No todos cumplen con su contrato. Santos Vega, el gran payador, fue uno de ellos Hubo de perder una payada con el mismo Mandinga (Juan sin ropa) para tener que aceptar su trágico final”

Las manos que habían trenzado tantos lazos, esas que habían enastado la lanza en las arremetidas contra el godo en los tiempos de don Juan Manuel cayeron abatidas al lado del cuerpo sin tan siquiera poder refugiar su frío entre los pliegues del poncho rojo cuyo color se fundía con el de su viejo corazón


TERCER CAPITULO

I
mpregnaba el aire de la tardecita campera el aroma de las varas del duraznillo que entremezcladas con las cañas formaban parte de la ramada. Por suerte la misma estaba unida al resto del rancho, lo que hacía que el temor del Panchito en pasar otra noche más a la intemperie no se constituyera en tanto horror cuando la oscuridad aquietaba los sonidos del paisaje y solamente acompañaban su abandono las gallinas batarazas y aquel ya viejo perro que había sido testigo de sus andanzas en las cercanía del cueva del miedo, cuando José Miguel y su mama estaban a su lado.
Fidela hacía rato había partido del mundo de los vivos tragada por unas fiebres misteriosas.
Su hermano con solo 13 años había montado un día de un salto a su caballo y tras una tropa de vacas y olvidos partió buscando horizontes lejanos a las preguntas que nunca pudo responder su abuelo montonero, pero que presentía estaban emparentadas con las fuerzas ocultas que se habían desencadenado en aquellos caminos de polvo testigos de los retumbantes aterradores golpeteos de las pezuñas de los habitantes de la Salamanca.
Del cuerito de oveja que le servía de cama debajo de la ramada emanaba el olor a orines impregnando sus narices niñas y le recordaba el porqué de ese castigo: el de dormir fuera de la casa..
Su madrastra, su tía, lo había castigado por ese motivo; el mojar el camastro que tenía asignado dentro del rancho.¡pobre Panchito! En las noches en que la temperatura bajaba deseaba que el rancho siguiera como antaño, con una sola pieza, así el fogón pampa estaría en el patio y podría calentarse. Pero todo había cambiado ¿para bien de quién?
Cuando la Martina se adueñó del hogar, se construyó otro cuarto y la cocina entonces albergó el círculo cavado en el suelo de tierra apisonada circundado por una llanta mediana de carro donde las cenizas acumuladas sobre ella mantenían las brasas encendidas durante las horas de trabajo y las de sueño.
Sobre este fogón estaba enclavada una “marca” retirada de sus usos corrientes cumpliendo ahora la función de sostener el candil, única luz artificial de que disponían sobre éste. Quedaban como recuerdo del paso de Fidela alguna cacerola pendiendo de la horqueta que colgaba de la chimenea.
Francisco andaba siempre ausente por dos razones; una por su trabajo u oficio de arriero que lo llevaba por largas distancias a la pampa con sus vacas, la otra por querer olvidar a la moza que había sido su gran amor y que había partido ha ya mucho a los campos del señor de los cielos y la tierra. Sus cortas permanencias muy espaciadas entre sí en el rancho coincidieron pasado un tiempo con la aparición de dos hermanitas que se criaban sin malicia ignorando el pasado de su madre. Nunca le demostraron al niño su desagrado o desprecio, pero él se crió culpándolas del abandono del tata y de sus noches bajo la ramada.
Se abría el camino al recibimiento de los viajeros en un abrazo candente y ventoso. Ponchos de color de la tierra blandían su anuncio en esa tarde, enmarcando en su agitar el ceño adusto de un mozo llamado José Miguel…..
Como en aquellos años en que su padre se había apeado buscando el encuentro con Fidela también desensilló el muchacho, pero ahora no era el amor quien lo guiaba, era justicia fraternal. Buscaron sus ojos al pequeño y su gesto se hizo fiero al encontrarlo, no variaron palabras, solo una grupa y un poncho de refugio a esa niñez gaucha abandonada. Todo silencio en la pampa, el agua del aljibe silenció su borboteo.¡ si hasta pareciera que los trinos y gorjeos de las aves homenajeaban con su callar el reencuentro y la partida de los hermanos!
Los bracitos de “el Panchito” estrecharon la cintura del hermano mayor, cuando montó en la grupa del tobiano. El petate chiquito en el cual cabía todo su pasado colgaba de la montura sin siquiera pesar un gramo, pero su viaje fue acompañado por el chocar de las cuentas de aquel rosario que un día “la Fidela” había colgado de su cuello para que lo defendiera de todos los males. Y ahí comprendió el porqué de la aparición de José Miguel, fue para salvarlo y el rosario de la mama sería testigo de ahora en delante del devenir de la vida de los dos hermanos.

CINCO AÑOS DESPUÉS

E
l caballo encabritado se alzó sobre las patas, a lo lejos el retumbar de cascos fantasmagóricos que provenían del interior de la tierra anunciaban la orgía de la Salamanca.
Francisco ensimismado en sus recuerdos continuaba su andar por la pampa detrás del último arreo.
¿Qué angustias corrieron por su alma, que remordimientos recónditos lo acuciaron en esos momentos cruciales? Ya su cabello cano caía sobre el poncho descolorido y las cicatrices de tantos vientos de arreos y tiempos agrisaban su envejecido rostro.
Confundiéndose con el seco marrón del camino, la víbora onduló entre los terrones de la tierra para luego enderezarse mostrando su vientre amarillo espantando al caballo.
Francisco alcanzó a ver la cruz en la cabeza del ofidio antes que los colmillos se clavaran en su pierna.
Su último grito al caer sobre la tierra pampeana fue el llamado a Fidela su gran amor destruido por la maldición de la leyenda que también había condenado al gran payador inolvidable, a Santos Vega……………



FIN DE LA PRIMERA PARTE

Continuará con “HISTORIAS DE INMIGRANTES”, donde se refleja la unión del gaucho de nuestras pampas, de ascendencias indígenas y gotas de sangre negra, con el “gringo” formando nuestra raza.


 B. Susana Galván




























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