cuentos,leyendas,de lugares preferentementes del paraje de Piedra Blanca y otros lugares de la Villa de Merlo.Viajes por Cuyo y otros lugares de la Argentina
viernes, 13 de noviembre de 2020
martes, 25 de agosto de 2020
lunes, 1 de enero de 2018
CONFESIONES EN LA VILLA.
Confesiones en la Villa
Las señoras que pasaban el limosnero eran tan feas que no daban muchos deseos de colaborar con la limosna. Aparte miraban con un gesto casi aterrador, que parecía estaban descubriendo y censurando todos tus pecados.
Al ver que el negocio de la limosna y la ausencia cada vez más acentuada de feligreses se estaba volviendo problemática, el cura comenzó a buscar una solución para hacer algo innovador.
No tuvo entonces la mejor idea de convocar a un grupo de fieles seguidoras para que lo ayudaran en la tarea de la confesión, ya que parecía que su figura inspiraba demasiado respeto para que le fueran confiados los pecados
Al principio fue tomada la nueva modalidad con bastante recelo, pero con el transcurrir de los días, la población se sintió tan pesada con sus culpas que ya no podía caminar derecha por las callecitas de la villa ni dormir plácidamente por la carga que tenía que sobrellevar sin largársela al cura.
Largas las filas esperando a las nuevas sacerdotisas para obtener el perdón en los improvisados confesionarios.
Para no faltar a la verdad, deberé decir que las matronas designadas por el párroco cumplieron fielmente con la misión encomendada guardando el secreto de cada confesión, hasta que se hizo tan enorme la carga que debían portar que decidieron comenzar a lanzarlas al aire; en este caso en los corrillos de la feria, en el costurero donde se reunían a cotorrear con la excusa de confeccionar y arreglar ropa para los pobres.
Todo por supuesto con el compromiso de no andar difundiendo a los cuatro vientos los pecados de los pueblerinos
Nadie decía el porqué de las muchas separaciones de las parejas, pues el bochorno de confesar los cuernos disfrazaba las verdades.
Asì muchos hombres volvieron a vivir con sus madres, mirando de reojo a sus hijos, tratando de buscar un parecido con ellos que les devolviera la certidumbre de su paternidad.
Y que contarles de aquella mañana en el mercado, cuando se agarraron de los pelos la Coca con la porteña que había cometido la imprudencia de confesarse con una de las delegadas del padrecito ,delatando en ese acto sus amores con el novio de la Coca.
Pero todo llegó al climax cuando la Matilde, a la que las malas lenguas llamaban “la sacristana”, temerosa de continuar con su pesada mochila de pecados y, no llegar a obtener la absolución con unos cuantos avemarías y caminatas de rodillas hasta el altar, no tuvo mejor idea que confesarse con la bizca del limosnero que le tenía unos celos rayanos a la locura por no obtener los favores carnales del cura.
Lo del Giuseppe no tuvo tanto drama, pues lo que era uno de los mayores benefactores de la parroquia, de antemano se le perdonó su desliz de intento de engañar a su mujer con una de las jóvenes catequistas, que al final no se concretó pues la aludida lo mandó al demonio, con perdón de la palabra.
Asì muchos de los llamados traga hostias y caga diablos como reza el refrán, fueron objeto de miradas socarronas y risitas de parte de los non santos que hasta el momento eran los destinatarios de la repulsa de los primeros.
.Los pecadillos más leves no tuvieron relevancia ni provocaron que las confesoras los distribuyeran gratuitamente; así fue que el carnicero siguió robando gramos en cada pesada de puchero y bifes, el verdulero intercalando fruta podrida entre la buena, el cajero del banco siguió guardándose algunos dinerillos que les escamoteaba a los viejitos de corta vista al pagarles la jubilación, la señora de la calle Becerra continuò barriendo la basura de su vereda a la de su vecina y no me alcanzarían estas hojas para seguir relatando algunas malas costumbres de los pueblerinos.
El transcurrir de los días consiguió ir aplacando las furias desatadas con el asunto malhadado de las famosas confesiones, nadie podía tirar la primera piedra y así los maridos regresaron a sus hogares, Giuseppe volvió a pasear con su esposa tomados de la mano en la ronda dominguera de la plaza. La Matilde se cuidó de ejercer sus actividades extra sacristanas con suma discreción, las matronas confesoras regresaron a sus antiguos puestos y el cura retornó a ejercer su puesto de confesor, pero ya sin tanta penitencia y severidad.
La iglesia de a poco fue recuperando a la feligresía que se había alejado hacia otras doctrinas, pues comprendieron en realidad la esencia del PERDÓN DE LOS PECADOS.
martes, 31 de octubre de 2017
LA TIA ISABELITA
La
tía Isabelita
Frío
en la ciudad colándose por rendijas de puertas y ventanas. La vieja casona
respira su invierno en los pulmones de
la vieja tía que deambula su ruido de chancletas entre los desolados macetones
del patio.
El
crujido de Infantiles pisadas deja sus huellas sobre la alfombra de hojas
doradas, mientras la anciana busca la vista ciudadana tras los amarillentos
visillos de voile
.-
Adiòs, tía Isabelita.- la saludan los niños en rito mañanero
La
sonrisa alisa las arrugas del viejo rostro que se propone regresar al encuentro de la vida
Las
puertas abiertas del antiguo ropero tosen polillas y recuerdos.
El
chal color naranja de motitas marrones, está ahí esperando cobijar con su
tibieza la otrora grácil silueta
Oculto
bajo el chal reluce el plateado del cofre que al caer se abre cual caja de Pandora , echando a los aires las cartas
del amor perdido de la joven que no
había logrado huir de esta vieja casona convertida en cárcel por mandato materno, hace tantos años
La
temblorosa mano sostiene el mate que burbujea susurros de amargura hasta que en gesto de impotente adiós, es
estrellado contra la pared del dormitorio
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POSTALES
POSTALES
Vuela
la paja brava envuelta en remolinos de vientos pampeanos. En la tierra agrietada del camino real se visualiza
un mapa delimitando sueños a seguir en su trazado caprichoso
Inmensidad
de campos asolados, negras nubes de langostas hieden el aire sedientas de
lujuria destructiva
Y
el grito de angustia se expande en un paisaje que va trocando sus verdes en
grises ante el paso de la horda de insectos malolientes
Polvorientas
alpargatas, negros los pañuelos cubriendo cabellos desteñidos, manos surcadas
de tiempo participando en la desigual batalla.
El
enemigo va devorando sueños de doradas
espigas abortando el pan de la mesa campesina.
Va
cayendo la tarde en la colonia, furia y llanto, sudores resbalándose en la
geografía de los curtidos rostros
Gira
la calesita de sueños adelantando tiempos y van entrelazándose pieles cobrizas y gringas en comunión infantil
Ronda
de niños que cuando renazca la tierra avasallada, volverán a buscar las
florcitas de nomeolvides, de verbena y a jugar al escondite en el celeste de
los florecidos linos
ZAGUANES
ZAGUANES
Cual bocas sedientas se abren con música de
oxidados gonces dejando entrar misterios
y recuerdos
Zaguanes
de ciudad antigua testigos de romances
guardando épocas de rondas en la
plaza, de collares de perlas.
Espías
de charlas vecinales mecidas en sillones
de mimbre que descansaban en las anchas veredas , bajo el perfume de las
nochecitas veraniegas.
Negros mastines protegen dos figuras matriarcales; una meciendo a la
niña. Ésta guarda esa imagen que acompaña sus miedos mientras se van espaciando
las visiones con los años.
Períodos
de tiempo de olvido borraron a los perros, al sonido de las botas aterrorizando
la calma de las calles, al dulzón aroma de las madreselvas y al femenino
taconeo de las tías visitando a la abuela.
Remolinos
de angustia y miedos envuelven en su girar a los perros de la pesadilla .y los
transporta ya no más el zaguán, sino al
jardín abandonado que se resiste a perecer entre invasores yuyos.
El
jadeo que repiqueteaba en sus oídos despertándola con el corazón palpitante se
había diluido en el transcurso de los años, de las épocas, de los recuerdos.
Los
mastines, comprende ahora, eran los guardianes de una época cuyo recuerdo serviría de respaldo y fortaleza a este
presente que cual jardín abandonado volvería a florecer.
LA NUEVA CASA
LA NUEVA CASA
La
estaba esperando, guardando la tibieza de los soles del este que marcaban su
rumbo entre los cristales del dormitorio.
Allá
en Piedra Blanca comenzó silenciosa la despedida. Fue cuando las rosas se
tornaron negras al tiempo en que los cerros
se iban desdibujando en el horizonte.
El
arroyo ya no acariciaba los atardeceres con fluires juguetones; se detenía en
una nada de piedras temiendo la llegada de la noche, donde ya no brillaría el
cuarzo pues la luna también había huido de Piedra Blanca.
La
luminaria mortecina de la calle, como un recuerdo presagioso en la última
visión de su noche;
La negra volanta desbocada bajo esa misma luz que sudaba un fuerte olor a miedo en
el Martín de las Escobas de la década del 40.
Ahora
todo se enmarca en la silueta de los cerros comechingones, la arboleda
perfilándose en la noche…..
No
recuerda en cambio el telón de fondo de aquel accidente del pasado, todo era
negrura; la volanta, el cielo sin estrellas, los ropajes de los espectadores. Sólo
la misma luz rojiza rodeada por un halo pegajoso de gotas daba color al
recuerdo.
Aún
los cerros convertidos en cárcel la rodeaban, pero ya se iba acortando el
camino hacia la huida.
Elegía
las calles pedregosas al dirigirse a la plaza, tratando de situarse en otra época
de pueblos olvidados.
Suspira
el seco viento del norte mientras va arrastrando el pasado hacia otros cielos.
Ella
la esperaba tan tibia como un nido. Sería su reposo antes de partir hacia otros
sueños.
UN 12 DE OCTUBRE EN LA VIEJA TERMINAL DE MICROS
Un 12 de octubre en la vieja terminal de micros
Raquel mira la sierra oculta por esa lluvia que va cayendo impiadosa sobre ese fin
de semana largo.
Rostros decepcionados de turistas, valijas conteniendo
sueños, perros vagabundos cobijándose en la vieja terminal.
Ella intenta
inspirarse en algún poema, pero no lo consigue;
sólo fantasmas surgen en la espera.
No es que trate de inventarlos, ellos vienen solos,
surgen bailoteando entre las gotas de lluvia que se unen caprichosamente al
chocar contra el asfalto formando transparentes figuras de esqueletos danzantes
hasta que desde el sur va formándose una franja de deslucido amarillo y los
bailarines se diluyen, mientras gemidos ancestrales fluyen de las bocas de
tormenta confundiéndose con algún trueno lejano que baja caracoleando de las
sierras.
La invade una somnolencia que la va llevando a un estado casi catatónico. Imágenes
borroneadas de pieles morenas giran a su alrededor. Un remolino de angustias
milenarias la envuelve arrastrándola a un pasado de libres praderas y cerros
vírgenes de invasores.
Y ante la
mirada atónita de los turistas, la mujer
de morenos pies descalzos va fundiéndose en la bruma hasta desaparecer en
la vieja terminal de micros.
jueves, 2 de febrero de 2017
EL JARDÍN ABANDONADO
EL
JARDÍN ABANDONADO
Verde claro y verde obscuro, viento
meciendo rosadas campanillas semicerradas
Don romero entrelaza su perfume con su
amiga y compañera de tantos años , esa lavanda que aùn un tanto semiseca continúa seduciendo
con su aroma
Que piensa el romero mientras se mece
somnoliento arrebujado en los recuerdos del que fuera el jardín encantado de plantas
exóticas que aparecían entre cada surco y cada piedra?
Evoca acaso esa mano de largos dedos que
rozaban sus hojitas picudas en los días de ardientes veranos buscando calmar
ardores de imposibles sueños?
Un viento piadoso peina las malezas y
deja entrever en los espacios, algo de tierra
arenosa que aún guarda el brote de un rosal escondido.
Como en un sueño ardiente vientos de
verano traen recuerdos invocando el pasado para que no desaparezcan en la nada.
Y que es la nada? Un cúmulo de grises o
de blancos vacíos?
La nada se marcha cuando la etérea
figura de albo ropaje rescatada del recuerdo por el romero pasea sus inconclusos sueños en el
jardín encantado del recuerdo.
El fantasma ilumina cada recodo
transitado del pasado dibujando aquí y allá amarillas mariposas volanderas que
inician un romance con aquel picaflor verde azul que cabía en el hueco de la
mano.
La nada ya no es gris ni tenebrosa; se
ha pintado de rosas, de verdes y azul celeste inspirados en un cielo coloreado
de blancas nubes y un aire aromado de esperanzas
No es la Ofelia que canta canciones y ofrece flores en su locura shakesperiana para luego
dormir en su lecho de silenciosas aguas, es otra esta Ofelia sin nombre la que
desparrama silenciosa y riente perfumes de jazmines y ecos de coyuyos
noctámbulos en un cielo de nubes volanderas para salvar al jardín del olvido.
Susana Galván
martes, 3 de enero de 2017
LA VENGANZA DE LA BUENA LUNA
LA VENGANZA DE LA BUENA LUNA.
Correteaba o acaso lo
estaba intentando desde hace bastante tiempo, el mismo que hizo crecer cada vez
más al álamo obstaculizando la vista de los cerros. Primero me fastidió esa barrera que me
impedía ver el interior de la casa; reconozco que soy curiosa pero sepan que a
veces suelo aburrirme y entonces comienzo a hacer picardías. Picardías
lunáticas vamos a llamarlas así, para no caer en aquello de lo sobrenatural y
tal vez al aullido de los lobos que dicen se transforman con mi luz de luna
llena. Siempre hay algo de que culparme y en realidad no me interesa un ápice
la superstición pueblerina.
Volvamos entonces al
álamo y a la casa de mi tema. Cuando el frío hacía florecer las llamas que
escapaban de la chimenea hacia el cielo y la noche apagaba los ruidos del
tránsito, podía oír la música que iba formando la conjunción del fuego y de
alguna hoja distraída que se resistía a posarse en el suelo, continuando esa danza solitaria inspirada en los sueños de esos seres no terrestres que se
resisten a abandonar los lugares de los que fueron amos siglos atrás.
Así entonces al
chocar cada vez más en mis correrías con el fastidioso álamo, me di cuenta que
iban cambiando mis sentimientos hacia
él. Ahora buscaba acercarme de a poco lanzándole un pequeño guiño parpadeante
para hacerle notar que ahí estaba yo muy cerca noche a noche acompañándolo.
Tardó bastante en
verdad en percatarse de mis avances románticos más al tiempo noté que siempre
aprovechaba el giro de algún vientecillo nocturno para estirar sus ramas y acariciarme
con ellas.
Oh!! Yo era tan feliz
que hasta me olvidaba de hacer esas travesuras cotidianas que me rescataban del
aburrimiento de ser una luna buena, desmitificando fantasías, pues si éstas fueran verdad sería
la luna de sangre inspiradora de
alucinaciones, crímenes y transformaciones maléficas, pero yo no lo era. Sólo
que a veces me escondía entre las nubes obscureciendo la noche serrana y eso no
era tan trágico a mi entender.
Todo esto fue hasta
la noche de la gran tormenta en que las furias abatieron a mi amante
convirtiéndolo en futura leña de salamandras.
Ahora no soy más la
buena luna que iluminara paisajes de poesía y jugaba al escondite con las
nubes.
Soy la luna de los
malos presagios que invade los sueños de la villa tiñéndolos de sangre y de
aullidos de lobos cuando me convierto en luna llena
Ya la casa, que con
sus luces y música solía acariciarme en
los dorados tiempos de mi romance con el álamo, se convirtió en mi enemiga al
percibir que el crepitar del fuego de la
chimenea elevado hacia el cielo iba
acompañado de los gemidos de mi
amante ya convertido en leña.
Entonces convertía
mis rayos lunares en pesadillas que se filtraban entre sus paredes
poblándola de aullantes fantasmas de
venganza.
martes, 20 de diciembre de 2016
UNA GRISETA MODERNA
UNA GRISETA MODERNA
La radio está volcando cascadas de olores a cera, jazmines y glicinas.
No música ni notas siquiera, solo
perfumes de bellas cosas sosteniendo
recuerdos que amenazan huir con eso que
llaman Alzehimer
Por eso Cristina enciende el aparato las
tardecitas de domingo.
Los domingos que siempre son solitarios,
a pesar que la familia crezca con nuevos integrantes; hay que respetar la
intimidad de la tribu y no escapar de las soledades de tilos y madreselvas
corriendo a refugiarse en sus brazos.
Atenaza el corazón correr el dial y
saborear el aroma a caldo de la abuela gringa, de las glicinas que trepaban las paredes del
patio trasero de la casa paterna.
Hasta que llega el momento en que se
funde el perfume de la celeste flor con las notas de ese tango que supo bailar
de joven en aquel club, el cual se perdiera también con el progreso del barrio.
Y sí, se viene la historia de zapatos de
taco aguja, falda a media pierna de donde se asoma la raya impecable de la
media.
Del zaguán del romance cuyas puertas
cancel ruborizadas procuran disimular ardores con sus tenues visillos de voile.
Cristina se compara con la griseta que
perdió la fe como en el tango de Maffia y Chinarro.
Griseta moderna de calles con nombres de
próceres, griseta sin percales ni glicinas. Más el dolor las iguala en ese café
solitario sin barra de amigos.
Sólo las cadencias que brotan de la
radio acompañan la nostalgia que transformada en luciérnaga bailotea sin bríos
entre las sombras perfiladas de los edificios parpadeantes de luces.
Pentagramas vacíos de notas, libros
vírgenes de lecturas acompañan con su vacío la triste tarde del domingo.
Perfumes de sahumerios tratando de
imitar el aire perfumado de la naciente primavera en el solitario claustro ciudadano.
Cristina se duerme mientras acuna su
sueño un tango celeste y dulce que va perdiéndose nota a nota en ese cacho de
cielo que ya ni siquiera es suyo
Susana Galván
jueves, 28 de julio de 2016
EL HOMBRE DEL CHAT
EL HOMBRE DEL CHAT
Fueron las ultimas gotas de perfume importado, que había
reservado para alguna ocasión que pudiera presentarse conveniente .Al
envolverse en su aroma, siempre se sentía tan reconfortada, que su imagen
cambiaba, haciendo que todos los que la
rodeaban se dieran cuenta al instante.
Por eso, lectoras amigas, cuando estén bajoneadas por esas
múltiples particularidades, que padecemos las mujeres, no duden en invertir en
un buen perfume. Remienden alguna media agujereada de los niños, en vez de
correr a adquirir un par de marca para los “pobrecitos”. Pongan en la mesa un
apetecible plato de hígado, ajos incorporados y bañado con jugo de limón
Hacedles creer que es la última moda en Mac. Donald u otra aberración parecida.
Tendrá ante su vista, narices fruncidas
y podrá oír expresiones que parecerá que una invasión de bulimia invade, de
pronto vuestra mesa. Pero, no os
amedrentéis, estimadas congéneres. Los
niños no morirán, por un almuerzo no consumido y usted ganará esa seguridad
femenina, que ya hace tiempo puede haber perdido. Camine hasta su trabajo, abandonando el taxi, aunque el
callito del dedo meñique la torture y sonría. Ponga en uso su tarjeta de
crédito y rehúsese a comprar las toallas nuevas, que precisa reponer, porque
los niños las dejan tiradas, después de bañarse, en vez de colgarlas para que
sirvan para otra vez.
Así, querida y sacrificada dama, podrá comprar su esencia
preferida en cómodas cuotas mensuales, arroje el sentimiento de culpa que ya la
está envolviendo y piense, que si usted está bien, los suyos lo estarán
también, con el cambio de su humor.
Estos eran los pensamientos de Raquel cuando ponía perfume
detrás de sus orejas, antes de bajarse del ómnibus, que la traía desde el
interior, en la estación de Retiro.
Ahí tendría que estar esperándola, supuestamente, Enrique, relación que se había
iniciado, medio Chat, y que pareciera augurar el buen comienzo de algo.
No se conocían pero era seguro que de estar , lo habría
encontrado en la plataforma. haciendo tiempo y esperando. Comenzó a fijarse en
cuanto hombre solo, pareciera estar buscando algo. Los que veía no le agradaban
de ningún modo.
En eso lo vio entrar
por la puerta de la sala de espera, se ayudaba para caminar, con un bastón
anaranjado, sus piernas endebles temblaban a cada paso. Sus ojos, eran tan
tristes………..sus manos blancas y heladas por el frío, parecían esperar el calor
de otras .Estaba preparada para algo
así, aunque la verdad que relatara Enrique, era otra muy distinta; sabía que
cuando una persona va en busca de una ilusión, no escatima los medios para
alcanzarla y no miente, sólo sueña y pide que se haga realidad.
Jamás pasó por su cabeza, la idea de evadir el encuentro. Ahí
estaba y afrontaría la situación, si esa persona era Enrique, ella cambiaría su
sueño y le brindaría su amistad, su apoyo, tratando que él no se sintiera tan
mal.
Se acercó al hombrecito de barba y bigotes, mostrando su
mochila colorida, que era la manera de identificarse. El mismo, parado delante
de ella, no la miró siquiera, siguió con su mirada ansiosa buscando tal vez
otros ojos, otras manos, otros sueños. Raquel, para no herirlo más, continuó su
camino hasta la salida de la Terminal de Ómnibus.
Bajó la rampa, buscando todavía a Enrique, conservando una
esperanza. Pero, los hombres con que se cruzaba , no le atraían de ningún
modo.. Sacó, entonces su mejor sonrisa del bolsillo y continuó su camino. La
feria de los “bolitas” mostraba su colorido de prendas, era escasa la
concurrencia, sólo algunos distraídos viajeros que se encaminaban a sus
destinos, con rostros serios y preocupados. Es
tal vez la manera que tenemos los
argentinos, de transitar las calles. Como si esa fuera una máscara que
escondiera nuestras emociones, defendiendo así, nuestra intimidad ante los extraños.
Escuadras de policías uniformados, ensayaban su rutina,
marcando el paso por la Avda. de Mayo, pero ésta, semi-vacía le permitió
sumergirse tranquila en el aroma del invierno porteño, disfrutando en ese
anonimato los sueños de aventura que ricamente continuaban alimentando su vida.
Frente al Congreso, las
vallas, que lo circundaban, le hicieron presumir alguna manifestación,
las cuales, en ese año del 2005, ya eran parte del folklore de la ciudad. Un
grupo de turistas, jubilados, seguían a la coordinadora, que los guiaba entre
el laberinto de calles y parapetos .Se
unió al grupo por si acaso, pero el sol
entibiaba afortunadamente a
corredores de una maratón, que se acercaban a la meta entre el entusiasta aplauso de familias,
con sus niños en upa, que alentaban la naturaleza viviente en las piernas de
los atletas.
Su último lujo de ese día, fue encaminarse hacia el subte de
Florida y Diagonal Norte y viajar en la soledad placentera del domingo,
hasta su otro destino.
Detrás quedaba el
sueño del hombre del Chat.
B. Susana Galván
viernes, 15 de abril de 2016
EL ÁRBOL QUE QUERÍA SER LIBRO
EL MOLLE QUE QUERÍA SER LIBRO
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H
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abía una vez un lugar cerca del
arroyo que separaba las provincias de San Luís y Córdoba, allá donde el camino
se hacía más solitario y sinuoso , mientras los verdes de primavera corrían los
últimos restos marrones del invierno detrás de las sierras; se erguía
achaparrado y tristón el molle de este cuento, quién solía lamentarse el que todos
pasaran a su vera sin reparar en él ,urgiéndoles el internarse en el mágico
sendero que los arribaba al club de campo, que enclavado en la sierra estaba
provisto de comodidades tales como asadores, sanitarios y una pileta alimentada
por la fresca agua de vertiente donde era una delicia bañarse
Además el lugar se había hecho conocido
por la letra de la canción que Rubén Gallardo había compuesto en homenaje a sus
propietarios, Juan el largo y su compañera Rosa.
Aunque el movía rumorosamente sus
ramas, lanzando el aroma de sus pequeñas flores blanquecinas, nadie se detenía
bajo su sombra acogedora. Es verdad que en una ocasión una pareja de turistas
en luna de miel, aprovechando la soledad se tendió bajo su protección dando rienda suelta a sus
impulsos amorosos para terminar totalmente flechados, no ya de amores, sino de
una urticaria fastidiosa que hizo terminar antes de tiempo con sus vacaciones.
._Bueno:_ se dijo el árbol._ ellos no
conocían la leyenda y su piel blanca fue desencadenante de la tragedia._( en
tiempos de la conquista sucedió que un capitán español, enamorado de una
doncella aborigen, al verse rechazado por ella, la asesinó; por lo cual
Pachamama la convirtió en molle y se dice que cuando una persona de ascendencia
europea se duerme bajo su abrigo, caen flechas desde el árbol, produciendo
comezones en todo su cuerpo, las mismas que lanzara el verdadero dueño del amor
de la muchacha contra el conquistador ,para vengar su muerte)
Así continuaba la vida del molle,
sacado de su aburrimiento a veces por la visita de las serranas, que
recolectaban sus oblongos frutos para endulzar infusiones y hacían lo mismo con
sus hojas que utilizaban para medicaciones.
Clarita solía acompañar a doña Pura ,
siempre ligándose un reto de su abuela, pues en vez de dedicarse a guardar los
frutos y hojas, que para eso la llevaban, aprovechaba esos momentos para hablar
secretamente con el molle, confiándole sus sueños de niña. Así transcurrió el
verano , el otoño comenzó a dorar las hojas del árbol las cuales depositándose
en el pedregoso suelo terminaban formando una alfombra ondulante que adquiría
vida con cada soplo de los vientos serranos; la cual siempre estaba húmeda pues
del molle caían lágrimas de tristeza por la ausencia de Clarita. Llegaron las
nieves y el tiempo continuó inexorable su andar hasta que el rumor de los turistas volvió a poblar de vida el
paraje en las vacaciones de invierno y el milagro se produjo. Clarita había
regresado a visitarlo; ya no era la pequeña serrana que se había marchado hacía
tanto tiempo, ahora tenía ante sus vegetales ojos a una jovencita de cabello
renegrido y lustroso, que vestía ceñidos
vaqueros y se apoyaba en su tronco para escribir poemas y sonreírle
en simple complicidad.
Ya
doña Pura no la acompañaba con sus rezongos; solo eran la joven y el molle.
Aquí
supo el árbol lo que era la felicidad espiando los versos que se desgranaban en
las hojas vírgenes del cuaderno. Muchas horas fueron testigo del acaso romance
del árbol y la niña, pues hallaba su inspiración bajo su copa y del rumor de
sus hojas acariciando su rostro.
Así
fue que terminaron esas vacaciones y Clarita regresó a la ciudad, sumiendo
nuevamente en la soledad de la espera a su amigo.
A
veces furibundo descargaba sus flechas de leyenda hacia los pocos caminantes
que atinaban a pasar por su cercanía, otras se sacudía en sollozos impregnando
el árido suelo y ese llanto fue dando vida a unas extrañas plantitas cuyas
flores al ser rozadas por los rayos del sol, adquirían forma de letras; también
su copa fue paulatinamente cambiando de forma, abriéndose a ambos lados
semejando un libro abierto. Pachamama habíase apiadado de su dolor y soledad,
otorgándole su nueva fisonomía.
Cuentan
los lugareños que en el recodo del arroyo que lleva a “El Escondido” se
encuentra un molle de beber, que en vez de flechar a los que se refugian bajo
su sombra, les hace caer en su regazo frutos y flores de colores negro y azul,
en forma de letras, que si se detienen a observar pueden leer poniéndolas en
orden; hermosas leyendas y poemas de amor, mientras el viento mueve el follaje
abriéndolo como las hojas de un libro
MOLLE : Como
diurético y estomacal se emplean los frutos y hojas; contra resfríos,
edulcorante medicinal y para teñir de color amarillo, las hojas. Para la
preparación de bebidas denominadas "arrope" y "aloja" y
fabricar refrescos, los frutos; además, en Córdoba
acostumbran colocarlos en el mate para mejorar su sabor. La madera es
utilizada para carrocerías, postes y leña. La planta es ornamental
miércoles, 13 de abril de 2016
LA LEYENDA DEL AMANCAY
La leyenda del Amancay
En la zona de Ten-Ten Mahuida, hoy conocido como Cerro Tronador, habitaba la tribu Vuriloche, cuyo nombre luego se deformaría para denominar esa bella comarca andina. Quintral, el hijo del cacique de la tribu, era admirado por las jóvenes debido a su valentía y fortaleza. Entre todas ellas había una que, además de admiración, sentía un profundo amor por él, pero su condición humilde le impedía siquiera imaginar la posibilidad de que el joven se fijara en ella.Amancay, tal era el nombre de la hermosa joven, no era indiferente a Quintral.
Muy por el contrario, él sentía que su corazón se inflamaba cada vez que la morena joven se encontraba cerca, pero sabía que su padre jamás aceptaría que él la desposara.
Un día, varios integrantes de la tribu comenzaron a morir a causa de una extraña enfermedad. La epidemia no tardó en extenderse, y también Quintral cayó gravemente enfermo.
Aquellos que aún se encontraban sanos comenzaron un éxodo que les permitiera alejarse de los malos espíritus que estaban diezmando a su gente.
Quintral empeoraba cada vez más, y en medio del delirio y la fiebre no dejaba de pronunciar el nombre de su amada Amancay. Su padre consultó a su consejero y este le contó sobre el amor profundo y silencioso que existía entre ambos jóvenes.Viendo el grave estado de su hijo, el cacique envió a sus mejores guerreros a buscar a la muchacha.Mientras tanto, Amancay había consultado a una Machi para que la ayudara a encontrar una cura para su amado Quintral. La anciana le reveló que la única forma de salvar al joven era prepararle una infusión con una flor amarilla que crecía en la cumbre del Ten-Ten Mahuida, y Amancay no dudó en ir en su busca.
El ascenso no fue sencillo, pero ella no cejó en su esfuerzo. Por fin logró llegar a la cima de la montaña y encontrar la bella flor, pero no se percató de que el gran cóndor la observaba desde las alturas.
Tan pronto como Amancay arrancó la delicada flor, el cóndor descendió junto a ella y le recriminó haber tomado aquella flor que pertenecía a los dioses.
Con voz de trueno dijo que los dioses lo habían puesto como guardián de las cumbres y todo lo que en ellas se encontraba, y a pesar de que la joven pidió disculpas y explicó la situación en la que se encontraba Quintral, el imponente ser no quiso escuchar razones.
Al ver que las lágrimas brotaban de los ojos de la muchacha, el cóndor le propuso entregarle la flor a cambio de que ella le diera su propio corazón.
Amancay no dudó. Después de todo, ¿de qué le serviría su corazón si no tenía a nadie a quien amar?
La joven se arrodilló frente al ave y sintió como el potente pico habría su pecho en busca del delicado corazón.
Sus labios se abrieron y una débil voz pronunció por última vez el nombre de su amado Quintral.
El cóndor, conmovido por el amor que hasta último momento demostró la joven, con delicadeza tomó el corazón con una garra y la flor amarilla con la otra para luego elevarse majestuosamente.
El cóndor voló hasta la morada de los dioses, sin darse cuenta que gotas de la sangre de Amancay salpicaban no sólo el camino sino también la delicada flor.
Una vez en su destino, imploró que le permitieran llevar la cura para Quintral y que crearan un recordatorio para que el sacrificio de la joven no fuese olvidado. Ambas cosas fueron concedidas, y de cada gota de sangre que cayó en los valles y las montañas nació una bella flor amarilla con gotas rojas que se convirtió en símbolo del amor incondicional.
Desde ese día, quien regala una flor de Amancay te entrega su corazón.
La leyenda del Amancay

En la zona de
Ten-Ten Mahuida, hoy conocido como Cerro Tronador, habitaba la tribu Vuriloche,
cuyo nombre luego se deformaría para denominar esa bella comarca andina. Quintral,
el hijo del cacique de la tribu, era admirado por las jóvenes debido a su
valentía y fortaleza. Entre todas ellas había una que, además de admiración,
sentía un profundo amor por él, pero su condición humilde le impedía siquiera
imaginar la posibilidad de que el joven se fijara en ella.Amancay, tal era el
nombre de la hermosa joven, no era indiferente a Quintral.
Muy por el contrario, él sentía que su corazón se inflamaba
cada vez que la morena joven se encontraba cerca, pero sabía que su padre jamás
aceptaría que él la desposara.
Un día, varios integrantes de la tribu comenzaron a morir a
causa de una extraña enfermedad. La epidemia no tardó en extenderse, y también
Quintral cayó gravemente enfermo.
Aquellos que aún se encontraban sanos comenzaron un éxodo que
les permitiera alejarse de los malos espíritus que estaban diezmando a su
gente.
Quintral empeoraba cada vez más, y en medio del delirio y la
fiebre no dejaba de pronunciar el nombre de su amada Amancay. Su padre consultó
a su consejero y este le contó sobre el amor profundo y silencioso que existía
entre ambos jóvenes.Viendo el grave estado de su hijo, el cacique envió a sus
mejores guerreros a buscar a la muchacha.Mientras tanto, Amancay había
consultado a una Machi para que la ayudara a encontrar una cura para su amado
Quintral. La anciana le reveló que la única forma de salvar al joven era
prepararle una infusión con una flor amarilla que crecía en la cumbre del
Ten-Ten Mahuida, y Amancay no dudó en ir en su busca.
El ascenso no fue sencillo, pero ella no cejó en su esfuerzo.
Por fin logró llegar a la cima de la montaña y encontrar la bella flor, pero no
se percató de que el gran cóndor la observaba desde las alturas.
Tan pronto como Amancay arrancó la delicada flor, el cóndor
descendió junto a ella y le recriminó haber tomado aquella flor que pertenecía
a los dioses.
Con voz de trueno dijo que los dioses lo habían puesto como
guardián de las cumbres y todo lo que en ellas se encontraba, y a pesar de que
la joven pidió disculpas y explicó la situación en la que se encontraba
Quintral, el imponente ser no quiso escuchar razones.
Al ver que las lágrimas brotaban de los ojos de la muchacha,
el cóndor le propuso entregarle la flor a cambio de que ella le diera su propio
corazón.
Amancay no dudó. Después de todo, ¿de qué le serviría su
corazón si no tenía a nadie a quien amar?
La joven se arrodilló frente al ave y sintió como el potente
pico habría su pecho en busca del delicado corazón.
Sus labios se abrieron y una débil voz pronunció por última
vez el nombre de su amado Quintral.
El cóndor, conmovido por el amor que hasta último momento
demostró la joven, con delicadeza tomó el corazón con una garra y la flor
amarilla con la otra para luego elevarse majestuosamente.
El cóndor voló hasta la morada de los dioses, sin darse
cuenta que gotas de la sangre de Amancay salpicaban no sólo el camino sino
también la delicada flor.
Una vez en su destino, imploró que le
permitieran llevar la cura para Quintral y que crearan un recordatorio para que
el sacrificio de la joven no fuese olvidado. Ambas cosas fueron concedidas, y
de cada gota de sangre que cayó en los valles y las montañas nació una bella
flor amarilla con gotas rojas que se convirtió en símbolo del amor
incondicional.
Desde ese día, quien regala una flor de Amancay te entrega su
corazón.
martes, 22 de marzo de 2016
LAS TERMAS DE CACHEUTA Y SUS LEYENDAS.
El chasqui corría sin detenerse por el sendero secreto que unía todos los pueblos, todas las aldeas. Tristes noticias llevaba: el gran inca había sido tomado prisionero.
Hasta Inti, el Sol, se había ocultado en la larga noche, llorando la suerte de su hijo más amado.
Estaba lejos de los últimos tambillos, ya no había pirca alguna donde guarecerse. El camino se hacia más y más tortuoso.
Se iban cerrando las cumbres y se abrían precipicios helados en la montaña blanca. Entonces, sus pies cansados se hicieron alas y siguió sólo guiado por la Cruz del Sur.
Montado en el viento llegó a las tierras huarpes del gran curaca Cacheuta, fiel vasallo de su señor. Tal vez él podría ayudar a liberar a Atahualpa.
El cacique, cuya bondad era ya leyenda, tras pocas palabras, reunió todos los tesoros de sus dominios para comprar con oro y plata la libertad del Hijo del Sol.
Llamas cargadas con los preciados metales y un pequeño grupo de sus más valientes hombres, con él a la cabeza, fueron adentrándose en la montaña. Iban bordeando el río y a su paso se inclinaban los penachos de las cortaderas saludando con respeto al cortejo.
Miró al cielo buscando las señales.
La mano de Inti cayó sobre las armaduras de los enemigos que esperaban agazapados en un recodo cercano, alertando con su destello al cacique.
Escondió la montaña en sus entrañas los tesoros que portaban sus hijos, mientras ellos se aprestaban al enfrentamiento. Un momento después el silencio se hizo grito, y un revoltijo de flechas, pólvora y espadas, los hundió en una batalla desigual y cruel.
Y fueron cayendo uno a uno...
La última mirada de Cacheuta fue de dolor.
Dolor, por los valientes que yacían a su lado.
Por no poder comprar la libertad del señor que confía, que espera. Y su dolor dibujó una lágrima en el cobre de su cara y en la montaña. Y Hunuc Huar también lloró a sus hijos amados.
De pronto, donde estaba escondido el tesoro que ya buscaba ávido el enemigo, surgieron columnas de agua hirviente del mismo corazón de las piedras, y con un rugido devastador, sepultaron al ejército invasor.
Después, sólo un suave murmullo. El agua roja de sangre y de horror se convirtió, poco a poco, en las lágrimas del cacique. Maravillosas y cristalinas lágrimas de agua sanadora.
Y fueron, desde ese momento, el legado bondadoso y eterno de quien no pudo cumplir su noble misión para todos los que, puros de corazón, necesitan aliviar sus males. Aunque están siempre dispuestas a levantarse hirvientes, si alguien osara acercarse con violencia o traición.
Hasta Inti, el Sol, se había ocultado en la larga noche, llorando la suerte de su hijo más amado.
Estaba lejos de los últimos tambillos, ya no había pirca alguna donde guarecerse. El camino se hacia más y más tortuoso.
Se iban cerrando las cumbres y se abrían precipicios helados en la montaña blanca. Entonces, sus pies cansados se hicieron alas y siguió sólo guiado por la Cruz del Sur.
Montado en el viento llegó a las tierras huarpes del gran curaca Cacheuta, fiel vasallo de su señor. Tal vez él podría ayudar a liberar a Atahualpa.
El cacique, cuya bondad era ya leyenda, tras pocas palabras, reunió todos los tesoros de sus dominios para comprar con oro y plata la libertad del Hijo del Sol.
Llamas cargadas con los preciados metales y un pequeño grupo de sus más valientes hombres, con él a la cabeza, fueron adentrándose en la montaña. Iban bordeando el río y a su paso se inclinaban los penachos de las cortaderas saludando con respeto al cortejo.
Miró al cielo buscando las señales.
La mano de Inti cayó sobre las armaduras de los enemigos que esperaban agazapados en un recodo cercano, alertando con su destello al cacique.
Escondió la montaña en sus entrañas los tesoros que portaban sus hijos, mientras ellos se aprestaban al enfrentamiento. Un momento después el silencio se hizo grito, y un revoltijo de flechas, pólvora y espadas, los hundió en una batalla desigual y cruel.
Y fueron cayendo uno a uno...
La última mirada de Cacheuta fue de dolor.
Dolor, por los valientes que yacían a su lado.
Por no poder comprar la libertad del señor que confía, que espera. Y su dolor dibujó una lágrima en el cobre de su cara y en la montaña. Y Hunuc Huar también lloró a sus hijos amados.
De pronto, donde estaba escondido el tesoro que ya buscaba ávido el enemigo, surgieron columnas de agua hirviente del mismo corazón de las piedras, y con un rugido devastador, sepultaron al ejército invasor.
Después, sólo un suave murmullo. El agua roja de sangre y de horror se convirtió, poco a poco, en las lágrimas del cacique. Maravillosas y cristalinas lágrimas de agua sanadora.
Y fueron, desde ese momento, el legado bondadoso y eterno de quien no pudo cumplir su noble misión para todos los que, puros de corazón, necesitan aliviar sus males. Aunque están siempre dispuestas a levantarse hirvientes, si alguien osara acercarse con violencia o traición.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Una visita a un lugarcito de Piedra Blanca la:FUNDACIÓN RINCÓN DE BELÉN
Se aprecian las sierras desde el campo de deportes y un azul cielo ilumina alegremente nuestra visita al lugar.
Invité a dos amigas a conocerla, pues en realidad hay mucha gente que no sabe de este lugar ni de su loable función.
La Fundación Rincón de Belén es una entidad civil sin fines de lucro, cuyo objetivo es contener a chicos de hasta 12 años y personas mayores de 60.
Nuestros anfitriones nos fueron guiando por las cómodas dependencias que albergan muchas inquietudes relacionadas con la contención de la infancia , con juegos, apoyo escolar, actividades lúdicas y.... buenos consejos.
![]() |
| No interesa el credo que profesen, todos son acogidos con amor y dedicación. |
Funciona un coro, de donde viene también gente de muchos lados de la Villa de Merlo, los adultos pasan armoniosos momentos entrelazando sus voces en franca camaradería.
Hay gente que desinteresadamente, dona una o más horas de su vida para colaborar con lo que pueden.
En esta visita encontramos a las maestras que dan apoyo escolar, al instructor de deportes y al responsable de esta Institución él cual nos explica que se necesitan más colaboradores para poder contener más chicos.
Sè de gente que podrìa "sacrificar" una hora de su vida para enseñar lo que saben.. Pero pareciera que el DAR sin recibir gratificación monetaria no va con su esencia.¡¡ LÁSTIMA GRANDE!!
Aunque necesitemos ganarnos el pan, no nos arruinaremos si donamos unas horas para esta empresa que ayudará al mundo a mejorar desde sus raíces; los niños
Si usted desea conocerlo, le cuento que desde la Rotonda de Piedra Blanca, en el camino que nos lleva al ALGARROBO Abuelo pasando la primer curva y antes de llegar al dispensario de salud, a su izquierda lo encontrará.
y estoy segura que como mis amigas ,comenzará a ser parte de la comunidad.
| Enterándonos de quièn fuera San Pìo, cuyo nombre preside el SUM de la fundación. |
viernes, 19 de febrero de 2016
miércoles, 14 de diciembre de 2011
continuación de "la cautiva del último malón de Renca"
los genes dicen que se repiten en la tercer o cuarta generación y así Eduviges heredó lo más cruento del carácter de su bisabuela Fermina, cuentan que nunca nadie la vió reir,sólo un rictus pétreo que quería imitar una sonrisa..............
Así fue que llegó a este mundo una muchachita de profundos ojos negros y cabello duro como cepillo, que recordaba la figura de aquel capitanejo de Yanquetruz.
¡¡pobre la "doñita" criada por una bisabuela que se había reencarnado en su madre!!! Su hermano ,al fallecer Eduviges,ya libre de su tutela contrajo matrimonio y la "doñita" a pesar de haber sido amparada por una tía nunca pudo librarse del estigma que le bajara por vía materna y así dió origen a la leyenda de La Mora Nona.
Nota: puede leerse la historia completa en el libro "El llamado de Piedra Blanca y el Ala de los Olguín
Así fue que llegó a este mundo una muchachita de profundos ojos negros y cabello duro como cepillo, que recordaba la figura de aquel capitanejo de Yanquetruz.
¡¡pobre la "doñita" criada por una bisabuela que se había reencarnado en su madre!!! Su hermano ,al fallecer Eduviges,ya libre de su tutela contrajo matrimonio y la "doñita" a pesar de haber sido amparada por una tía nunca pudo librarse del estigma que le bajara por vía materna y así dió origen a la leyenda de La Mora Nona.
Nota: puede leerse la historia completa en el libro "El llamado de Piedra Blanca y el Ala de los Olguín
EDUVIGEES PERALTA
|
R
|
emontándonos
a los tiempos del último ataque del cacique Yanquetruz a la población de Renca,
en el año 1834, podremos comprender su figura, tal vez signada por la historia
de su bisabuela Fermina.
Fermina
habitaba en los pagos de Renca con sus padres, sangre mestizada con el español,
que le dieran esos ojazos de brasa y cimbreantes caderas de cumbrera.
El
temor acompañaba siempre los pasos de los habitantes de Rena, alertas al huir
de los pájaros en las madrugadas y al temblor de la tierra cuando se acercaba
el malón de los ranqueles, que acosaban la zona en ataques sorpresivos pero
esperados. Un poco de tranquilidad había insuflado esperanzas ccon las noticias
llegadas a la zona de la derrota del cacique ranquel en la batalla de las
Acollaradas el 16 de marzo de 1833 a manos del general José Ruiz Huidobro, que
había partido a mediados de febrero desde San Luis con unos 1000 soldados, pero
no se habían anoticiado de que Huidobro, tuvo que regresar cuando el temido
cacique le arrebatara la caballada.
Es en
1834 cuando Yanquetruz regresa a su territorio e inicia una
campaña
contra San Luís, atacando el 7 de marzo a Achiras (Córdoba) y luego continuar
con El Morro y Renca.
Fue
para entonces cautiva la joven mujer en el último malón. Cuando en octubre del
mismo año, Yanquetruz es derrotado por fuerzas de San Luís y de Buenos Aires en
la Pampa del Molle (o del Rosario) Fermina puede regresar a Renca con su
pequeña hija, fruto de su unión con uno de los capitanejos del cacique, que
fuera muerto en el combate.
Su vida
en Renca no fue fácil, ya que las miradas de sus vecinos hacia su hija tenían
el odio escondido por saber a la inocente criatura fruto del horror que había
padecido Renca; por este motivo, Fermina decidió emigrar a otros pagos. Su
carácter se había convertido en algo sombrío siempre al acecho y más que a la defensiva,
al ataque.
No
cuentan los anales como llegó a los parajes de Piedra Blanca, pero sí que aquí
formó otra familia con un paisano sirio libanés “el turco Elía” que por su
profesión de mercachifle la dejaba en la soledad del campo largos tiempos,
mientras él recorría la provincia ofreciendo su mercadería.
Así con
esta historia familiar, llegan los años 40 y el nacimiento de su bisnieta
Eduviges.
Los
genes dicen que se repiten en la tercer o cuarta generación y así vemos como
Eduviges hereda lo más cruento del carácter de su bisabuela Fermina.
Cuentan
que nadie la vio sonreír. Sólo un rictus pétreo que quería imitar tal vez una
sonrisa la caracterizaba.
Su
hermana Juana en cambio, era totalmente distinta, solidaria, inquieta y siempre
tratando de proteger a sus sobrinos de la rigidez de Eduviges, que a veces
rayaba con la crueldad en los castigos.
A los
once meses de haber nacido el primer vástago, vino a este mundo una muchachita
de profundos ojos negros y cabello duro
como
cepillo, que si hubiera vivido Fermina le hubiera hecho evocar al padre, aquel
caciquejo de Yanquettruz.
Parecía
que con ese nacimiento, Fermina se había reencarnado en su bisnieta, pues Juana
tuvo que imponerse y hacerse cargo de la niña, al ver el mal trato ocasionado
por la madre.¡¡ que no hizo Juana
para proteger a la niña ¡! Y ese fue tal vez el destino de la descendiente del
capitanejo del último malón de Renca.
El hijo
mayor de Eduviges, vivió largo tiempo bajo la tutela y la tiranía de su madre,
hasta que a la muerte de ésta le llegó la liberación y al fin pudo comenzar una
vida normal Concretó su anhelo de formar pareja con una moza de los altos del
Rincón del Este, a la cual la imposición de su madre le prohibía el
acercamiento amoroso.
Y la morera seguía creciendo, invadiendo como
un ancestral malón aquel rancho de La Ramada
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